trama urbana Alumnos y profesores, dispuestos a ser parte de la solución del barrio

Realejo 400 vehículos en una hora por calle Molinos

  • La Escuela de Arquitectura de Granada propone recuperar espacios del barrio para los peatones limitando la velocidad de los coches a 20 km/h

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Intentar cruzar la calle Pavaneras hasta el final de calle Molinos con un carrito de bebé a partir de las dos y media de la tarde es lo más parecido a una gymkana urbana. Además de sortear andamios y bolardos hay tramos en los que la acera se estrecha tanto que el carrito tiene que ir con una rueda en el asfalto. Conviene además ir mirando para atrás por si viene un coche/moto/autobús escolar/autobús urbano y/o camión de reparto a más 40 kilómetros por hora con el peligro que ello supone.

La estampa, que se repite un día sí y otro también, tiene a los vecinos y a los grupos municipales del Ayuntamiento preocupados, por lo que andan dándole vueltas al problema para decidir cómo mejorar la calidad de vida de los peatones en el barrio. Hace un mes el Ayuntamiento retomó el Observatorio de la Movilidad con una sesión monográfica dedicada únicamente al Realejo. En aquella reunión la Escuela de Arquitectura puso todo su conocimiento técnico, su personal y sus medios al servicio de la ciudad para, juntos, hacer una diagnóstico detallado de los problemas de la zona y sugerir propuestas de mejora.

El barrio se convierte en un lugar de paso, el atajo de gente que quiere salir rápidamente hacia el sur

Desde que en el año 2015 la Escuela volvió al Realejo siempre ha tenido en mente la necesidad de interactuar con el barrio. Y qué mejor forma de poner en práctica lo aprendido que volcándolo en el entorno más cercano. Sin duda, las contrariedades que ofrece el barrio son un reto para el arquitecto más pintado. El conocimiento de los alumnos y docentes de la Escuela de las dificultades de acceso de un edificio académico asentada en un centro histórico juegan a su favor.

El vínculo de la Escuela con el Realejo viene de largo. El colectivo [In]Sos, formado por antiguos alumnos de Arquitectura, trabaja desde hace algún tiempo en el proyecto 'Interacción al Realejo', fomentando la relación entre los estudiantes y la gente del barrio. "Es una idea que pretende ver la Universidad como un espacio de convivencia en el que, además de aprender, uno hace muchas más cosas. Uno no viene aquí solo a sacarse su título, la formación no se limita solo al aula", explica Carmen Romero, integrante de [In]Sos.

David Cabrero, profesor del departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio, también ha incluido durante un par de semanas el trabajo en el barrio con sus alumnos de tercer curso. En este tiempo los estudiantes han diseccionado los problemas del barrio, que tienen básicamente su origen en el tráfico rodado.

Lo más llamativo del Realejo es que se trata de un barrio de paso. La carretera atraviesa calle Molinos y calle Pavaneras partiendo el barrio por la mitad, lo que genera una situación de inseguridad y pérdida de calidad ambiental. Al mismo tiempo es necesario recuperar la urbanidad del barrio, la posibilidad de volverse a encontrar.

Hoy por hoy el coche ocupa la mayor parte de los espacios, obligando a salpicar las aceras de bolardos y vallas. El barrio cuenta con varios colegios concertados que hacen que venga mucha gente de fuera, lo que genera una congestión importante a primera y a última hora de la mañana. Se llegan a contabilizar atascos de media hora con autobuses enormes parados y echando humo. Uno de los alumnos de la Escuela, Pablo Luján, realizó a finales de 2016 un conteo de vehículos en el barrio. En el cruce entre calle Molinos y Solares entre las 13:45 y las 14:45 se llegaron a contabilizar 392 vehículos, la mayoría de ellos (270) eran coches privados, furgonetas, furgones y taxis, seguidos de las motos (83), microbuses (16) y autobuses escolares (13).

Desde el departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio están firmemente convencidos de que la solución pasa por reducir la velocidad de los coches de forma que la prioridad en el barrio sea del peatón. Esta decisión también precisa de la implicación de los conductores, circular a 20 kilómetros por hora supone ir en primera y en ralentí... pero evita que se le pueda hacer daño a una persona.

De esta forma se crearían espacios donde puedan jugar los niños sin barreras arquitectónicas de ningún tipo, donde no sean necesarios ni bolardos ni vallas porque el coche directamente no puede aparcar. "En otras ciudades del mundo además del impuesto de circulación también se paga el de ocupación de vía pública. El espacio en ciertos lugares de la ciudad es un bien valiosísimo que si se ocupa por los coches privados se está perdiendo", opina David Cabrera.

Uno de los lugares más conflictivos del barrio es la plaza Fortuny, donde se junta la carga y descarga con el autobús que tiene que girar. "Cuando toda la calle Molinos está atascada, las motos se ponen nerviosas y empiezan a saltar a las aceras, así que lo normal es que tarde o temprano haya algún atropello", explican desde la Escuela.

Aunque el Ayuntamiento todavía no ha encargado a la Escuela el estudio del barrio, Cabrera cree que sería bueno registrar con una cámara las matrículas para determinar qué coches están pasando realmente por el barrio y ver si son del Realejo o de fuera y así valorar las necesidades de aparcamiento y circulación.

"El problema viene de fuera. El barrio es un lugar de paso, el atajo de gente que quiere salir rápidamente hacia el sur por aquí", expone el profesor, quien deja claro que el urbanismo no es una metodología matemática ya que las necesidades de una zona cambian y también las políticas europeas de movilidad. De hecho, hoy por hoy, Europa plantea que la mejor política de movilidad es reducir la movilidad para evitar desplazamientos innecesarios. "Parece una cosa de perogrullo pero básicamente se trata de elegir muy bien dónde vives, que tu casa esté cerca de tu espacio de vida cotidiana para evitar tener que coger el coche y condenarte a estar tres horas metido en él".

Mientras se dan o no estas circunstancias, una de las opciones que se había planteado en el Plan de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS) municipal era interrumpir el tráfico en la plaza Fortuny generando lo que los urbanistas llamar un 'cul de sac' (una carretera sin salida o un punto muerto), evitando que esa zona sea un sitio de paso. La idea ya se está llevando a cabo en Barcelona con una 'superisla' de nueve manzanas en las que se obliga al conductor a girar a la izquierda evitando el tráfico de paso.

Hay una propuesta más para mejorar la movilidad del barrio: la de los caminos escolares. La idea es dejar los autobuses escolares en Ángel Ganivet y en el Paseo del Salón y crear caminos seguros para que los niños lleguen andando por la calle Varela o por la Cuesta del Pescado a sus respectivos centros educativos.

Proponen poner en marcha todas estas ideas de forma experimental de manera que los vecinos puedan ir adaptándose y valorando si los cambios son positivos o no. "Seguro que habrá resistencia, cualquier cambio es traumático para la población, y más en un barrio con personas mayores como es el Realejo", manifiesta el profesor. Es importante dejar claro que hablar de peatonalización no significa impedir que los coches de los residentes entren al barrio. "Lo ideal es que si tú tienes coche lo metas en tu propiedad, no lo dejes en la calle que no es tu propiedad y que entres despacito para no tocar a los peatones".

Al trabajo de la Escuela y al de [In]Sos se suma el proyecto Intercambia, una plataforma formativa formada por estudiantes donde los alumnos con más conocimientos se convierten en monitores y dan cursos gratis de las temáticas más variadas. Uno de esos cursos propone un trabajo participativo con la plataforma de vecinos del Realejo. "La Escuela y todo su capital humano está movilizado para ayudar y entender que aunque cambiar las cosas lleva su tiempo, lo importante es que todo el barrio se implique y cambie la percepción de los problemas".

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