Rejones de mucho esportón y poca emoción

  • Mendoza, Ventura y Leonardo Hernández salen a hombros en la primera del Corpus

GANADERÍA: Se lidiaron cinco toros de San Mateo y San Pelayo, aceptablemente presentados, nobles pero blandos y sin transmisión, primero y cuarto justos de raza, y uno -el sexto- de Carmen Lorenzo, flojo y parado. REJONEADORES: Pablo Hermoso de Mendoza: de burdeos. Tres pinchazos y descabello (silencio); y rejón (dos orejas). Diego Ventura: de verde. Rejón trasero (dos orejas); y rejón y descabello (dos orejas). Leonardo Hernández: de gris. Rejón (dos orejas); y pinchazo y rejón (palmas). Incidencias: Un tercio de entrada en tarde agradable. Antes de finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria del ex alcalde de Granada Gabriel Díaz Berbel, fallecido el viernes.

Comenzó el abono del Corpus 2011, y lo hizo con los papeles cambiados respecto a otras series, donde la corrida de rejones cerraba el ciclo. Quizá se esperaba más de este festejo con un público muy amante de los caballos, y que tradicionalmente había respondido bien, pero ayer se vio demasiado cemento en el tendido, y eso no es precisamente una buena noticia, se ve que la economía no está para muchos trotes, y para colmo jugaba el Granada.

Pero es que además no fue una tarde muy llena de emociones, y eso que el público volvió a mostrarse generosísimo a la hora de pedir los trofeos, en ocasiones, demasiado fáciles. Los toros de San Mateo y San Pelayo fueron nobles casi todos y querían la mayoría, pero de una sosería y blandura que en momentos llamaban al bostezo. Menos mal que a caballo había una terna de maestros consagrados, capaces de sacar agua de cualquier pozo, y a poco que permitió el toro, lucieron sus mejores armas y dominio para el reconocimiento y satisfacción de los asistentes.

Mención aparte tiene la salida de los toros, casi todos distraídos y con tendencia a rajarse, sobre todo los de Mendoza, el quinto y el sexto. Mejor son tuvo el primero de Ventura, pero ninguno mostró una fuerza que ilusionara. Para colmo, los peones les dieron buena cuenta a las tablas, y agotaron sus escasas fuerzas con vueltas al ruedo innecesarias, mermando las pocas posibilidades de los rejoneadores.

Pero la tarde tuvo cosas buenas, algunas mucho, pese a las actuaciones incompletas de Mendoza y Leonardo Hernández. El más favorecido fue Diego Ventura, que sabe como nadie enardecer los ánimos y jugar todas sus bazas, y acabó convenciendo al público y cortando cuatro orejas.

No fue la tarde más afortunada del navarro Pablo Hermoso de Mendoza, con un lote muy soso y justo de todo. Su primero no tuvo fijeza en el castigo y se rajó. Citó de costado y maestría con Chenel en banderillas, aunque el caballo cayó sin consecuencias, para dar paso al espectáculo ante la falta de toro en otras dos con Ícaro. Cerró con tres cortas montando a Pirata sin ninguna colaboración del toro, pero falló con el rejón de muerte y eso enfrió los ánimos.

Dio el pecho con Silveti en banderillas con el cuarto, pero el toro no transmitía nada, y lo volvió a intentar con Manolete en otras dos, tras rematar con tres cortas y un par a dos manos, también con cortas, y muy de verdad. El público agradeció su gesto y buen hacer.

El verdadero triunfador de la tarde fue Diego Ventura, que sabedor de la escasez de sus dos toros, los castió poco con sólo un rejón. Templó de costado en banderillas y mostró enormes alardes con Nazarí en el segundo, y con Califa estuvo muy seguro en el par a dos manos y tres rosas. En ese momento toda la plaza cantó el gol del Granada CF.

En el quinto lució temple en banderillas con Sueste, y dio paso al espectáculo con Morante, mordiendo al toro con absoluto dominio. Un para dos manos con Nazarí y tres cortas en todo lo alto, fueron la culminación del espectáculo total.

Leonardo Hernández exprimió a su justo primero en banderillas, templando de costado con OH-31, y con piruetas en la cara de salida con Quieto en los dos siguientes. Tres cortas al violín con Xarope fue lo que levantó al público.

El marmolillo sexto no permitió la emoción en banderillas, ni con Templario ni con Duque, pese a las piruetas. Terminó con un par a dos manos y tres cortas al violín montando a Xarope, pero el toro estaba ya en otro mundo.

En definitiva, fue una tarde con más triunfos que faenas rematadas por el devenir de unos toros que mostraron nobleza al mismo tiempo que flojedad, aunque la gente, en momentos puntuales, se divirtió.

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