La UGR prepara un reglamento que evite el plagio en investigación

  • Los estudiantes acaban el posgrado sin tener nociones sobre cómo se debe citar y referenciar · El Código de Buenas Prácticas estará listo para antes de fin de año

En las primeras jornadas sobre plagio académico que se celebraban en la Universidad de Granada

se produjeron dos hechos que indican hasta qué punto esta problemática es grave: la primera es que prácticamente no fue nadie a la cita y la segunda es que los pocos alumnos que acudieron no tenían ni idea de cómo se debe citar en un texto académico, a pesar de que la mayoría había concluido ya la licenciatura o el máster.

Es decir, que si el profesorado de la UGR pasa olímpicamente de este asunto y los pocos estudiantes que muestran interés no saben que cortar y copiar sin referenciar al autor es plagiar, está claro que la Universidad de Granada tiene un serio problema.

Estas conclusiones, alertadas por el profesor de Pedagogía Rubén Comas, dieron pie a que la vicerrectora de Política Científica e Investigación de la UGR, María Dolores Suárez, se comprometiera ayer en su intervención a elaborar un reglamento interno para detectar y frenar el plagio en los trabajos científicos.

"Vamos a hacer un Código de Buenas Prácticas en investigación para antes de que acabe el año", dijo Suárez. Aunque en cuatro años que lleva en el Rectorado dice que no se le ha presentado ningún caso de plagio en Investigación, Suárez apuesta por "educar y formar" a la comunidad universitaria antes que buscar medidas de castigo.

Son pocas las instituciones superiores españolas que se han atrevido a legislar como infracción el plagio académico. Comas informó cómo se ha regulado en su universidad, la de las Islas Baleares que, en su artículo 32, considera como "fraude" la inclusión de un párrafo de otro autor sin citarlo. "El profesor puede poner un 0 en toda la asignatura al alumno que haya plagiado y mandarlo a septiembre", explicó el profesor Comas.

La UGR no tiene ni un sólo artículo en sus Estatutos que penalice esta práctica y, en opinión de la organizadora de las jornadas, Christiane Heine, "las normas también tienen una función pedagógica y de disuasión".

La detección del plagio académico no se resuelve únicamente con tecnología. La UGR acaba de comprar un programa detector de plagio (Ephorus) que va a ponerse a disposición de todo el profesorado para que pueda detectar más fácilmente los trabajos plagiados de sus alumnos, según informó ayer la directora de la Biblioteca de la UGR, María José Ariza.

"Pero los softwares antiplagio tienen sus límites", alertó Comas. La mayoría trabajan con cadenas de siete palabras, así que si el alumno tiene tiempo y se dedica a buscar cada seis palabras un sinónimo, el programa no lo considerará plagio. Pero el experto da otra clave más: "si introduces un texto de otro autor pero en distinto idioma tampoco lo detectará".

Al profesorado se le lanzó ayer una advertencia: denunciar ante el Rectorado cualquier signo de plagio que detecte entre sus alumnos, sus compañeros o colegas externos de profesión.

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