Seis años con el euro y cada vez huye más rápido de los bolsillos

  • Desde la llegada de la nueva moneda la lista de la compra ha multiplicado sus precios · Algunos productos, como el pan valen ahora el doble que en 2001

Primero llegó el redondeo, que hizo que con el cambio de moneda muchos artículos que se vendían a cien pesetas pasaran de un salto a costar un euro (166 pesetas) y en general, la nueva moneda dio en su día un buen empujón a muchos precios. Ahora, además, las economías familiares han vuelto a recibir un nuevo golpe al ver las subidas que han sufrido en los últimos meses los precios de alimentos tan básicos como la leche o el pan. Las estanterías de los supermercados hablan por sí solas.

Si un kilo de tomates en el año 2001 costaba 228 pesetas, que vendrían a ser 1,37 euros, al año siguiente ya se pagaban a 1,77 euros, según las cifras de un estudio de la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU). El caso es que ahora ya cuestan unos 2,16 euros, con los datos del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio en la mano. Se habla, por tanto, de un aumento de cerca del sesenta por ciento en seis años.

Ejemplos no faltan. La barra de pan que costaba unas 40 o 45 pesetas (24 y 27 céntimos) se situó con la llegada del euro, sin hacer mucho ruido, en los 30 ó 35 céntimos, lo que ya suponía un incremento del diez por ciento. Pero es que hoy en día difícilmente se encuentra por debajo de los 50 céntimos, de manera que se puede decir que el valor de este producto se ha multiplicado por dos. Las cebollas tampoco se quedan atrás. Si antes por veinte duros se compraba un kilo, hoy con esa cantidad (sesenta céntimos) da para poco más de medio kilo aproximadamente.

La percepción de los ciudadanos es que cada vez el mismo dinero les dura menos en los bolsillos y razón no les falta. La carne en seis años ha sufrido incrementos del48 por ciento en el caso de la ternera y hasta del 74 por ciento si nos fijamos en la carne de cerdo, que ha pasado de las 560 pesetas (3,37 euros) que se pagaban por un kilo en 2001 a los 5,86 euros que cuesta hoy.

Parte de esta subida se achacó a que con el euro los consumidores no eran siempre conscientes de lo que gastaban y algunos vendedores aprovecharon la oportunidad para hacer el redondeo. Todavía hoy se cuestiona si los ciudadanos has asimilado completamente el valor de la nueva moneda o pagan a diez euros lo que antes les costaba mil pesetas sin darse cuenta de la magnitud de la diferencia. Si se sigue o no pensando "en pesetas" depende de cada persona (en general les cuesta más a los de mayor edad) e incluso de los productos de que se hable. De hecho, muchas personas que se manejan en el día a día con el euro sin pestañear, echan mano de la moneda antigua para referirse a grandes cantidades, como el precio de un piso o el valor de un coche. De lo que no hay duda es de que en sus seis años de vida, el euro ha visto dispararse el carro de la compra. Sin frenos.

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