¿Quién era el guapo Salvador Ribes?

  • Este enamoradizo solterón vecino de la calle Reyes Católicos era confundido con Vittorio de Sica

  • Su casa era un museo taurino con toreros, banderillas, las Angustias y fotos de Concha Piquer

En esa pasada Granada de los años 50 hemos rastreado algunos rasgos de este curioso granadino de adopción, enamoradizo y guapetón; nacido en Burriana (Castellón), no sabemos en qué año porque cada vez que se le preguntaba daba la misma respuesta "tengo la edad que aparento". Se vino a vivir a un modesto pisito de la céntrica calle Reyes Católicos donde moraba en feliz soltería. Galante, simpático y educado este apuesto caballero era confundido con el italiano Vittorio de Sica e incluso con el guapo actor mejicano Ramón Novarro, el protagonista con Greta Garbo de la película Mata-Hari. Su depurado acento castellano y su esmerada elegancia llamaban especialmente la atención de las jóvenes granadinas que veían en Salvador un "zorro plateado", un elegante madurito de exquisita compostura que saludaba "agitando el ala de su sombrero", como dice el bellísimo vals peruano Amarraditos.

Pero una de las facetas más curiosas de este personaje popular en los ambientes taurinos de aquella Granada era la pintoresca decoración de su modesto pisito, alargado como un submarino y convertido en un museo taurino. En la entrada había tapizado techos y paredes con recortes de periódicos y carteles taurinos de los pintores más famosos, el mejicano Ruano Llopis y el valenciano Juan Reus. En la puerta puso una cancela estilo andaluz y un ventanal de hierro forjado con macetas de geranios y cláveles, al que "solo le faltaba la mocita asomada, pelando la pava", decían los vecinos.

Iba sobre el dintel la clásica imagen de las Angustias con dos farolillos gitanos y una granada abierta con la torre de la Vela en el centro. No cabían más tópicos del casticismo granadino más añejo. Pero es que además, al lado aparecía un cartel de Lola Flores bailando muy salerosa acompañada de un guitarrista y con esta letrilla debajo: "Mira si el mundo es canalla/que dice las cosas malas/y la buenas se las calla".

En la salita de estar, Salvador había tenido espacio para montar un pequeño mueble bar lleno de bebidas con nombres de toreros: Machaco, Bombita, Gallito, Manolete, Parrita…; unos azulejos de Fajalauza granadina con sencillos poemas del propio Salvador y en el centro de la estancia una reproducción del campanario octogonal de la iglesia de Burriana con los símbolos de la región: naranjas y limones. Banderillas cruzadas en las paredes, cabezas de toros disecadas y hasta una plaza de toros pintada en su dormitorio, simulando los tendidos y las barreras ocupadas por los rostros de Lola Flores, Conchita Piquer y Juanita Reina. Una verdadera colección de recuerdos con fotos de toreros famosos y al lado una imagen del Sagrado Corazón de Jesús con la leyenda "Todo se acaba menos el amor de Dios". Perfecta radiografía de un personaje nacionalcatólico de aquella España de los años 50. La pequeña terraza que daba a la calle llevaba una solería de ladrillos rojos con nombres de toreros en tonos azules; de las paredes colgaban unos rosales trepadores entre vistosas macetas de geranios, presidido todo por la silueta de un gallo de hierro colocado en la esquina a modo de veleta. Fue testigo de esta escena el popular novillero granadino Manuel Zarzo Perete que dejó su nombre escrito en el libro de firmas de personajes del mundo taurino que Salvador coleccionaba.

Nadie supo nunca su edad (tampoco he averiguado de qué vivía, aunque me gustaría saberlo); solo confesó a los más íntimos el secreto de su eterna juventud: a las penas, puñalás. Algún granadino habrá todavía que recuerde la vida y milagros de estos populares paisanos que no suelen salir en las fotos, pero que forman parte de la intrahistoria local, a veces simpática, a veces sombría, que vamos rescatando poco a poco, semana a semana y siempre con respeto.

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