Una huida de película

  • El dueño de Jamones Fernando desapareció de la Alpujarra dejando en la estacada a cientos de vecinos confiados

Cuando Antonio Herrera -conocido en Trevélez como Fernando- desapareció del pueblo, se dijo de todo. Incluso se extendió el rumor de que, quizás, se había fugado con una mujer abandonando a su propia esposa. Pero la verdad era mucho menos rocambolesca.

Fernando -nombre heredado de su padre que también utilizó para bautizar la empresa con la que dejó en la estacada a sus vecinos de la Alpujarra- vendió tres propiedades en verano de 2004 -dos edificios en Serón, una bodega y un restaurante- por menos dinero del que podría haber obtenido, aunque el montante no fue despreciable. Con las tres operaciones obtuvo más de tres millones de euros. Cantidad que, por otra parte, ni hizo constar en los libros ni fueron fiscalizados por la Hacienda Pública. De hecho, el fiscal asegura que se desconoce "el destino de los fondos percibidos". Las ventas tuvieron lugar "cuando la situación resultaba insostenible" para el que después sería conocido como el jamonero de Trevélez.

Varios acreedores apremiaban "de forma insistente e inaplazable" la devolución de lo entregado a Herrera. Y, según el Ministerio Público, el jamonero realizó la venta de sus propiedades "con manifiesta intención de sustraerse a la acción" de las personas a las que les debía dinero.

Sin embargo, de esos tres millones, junto al resto de lo estafado, sigue sin conocerse su paradero. De hecho, cuando finalmente fue detenido en el Caribe y llevado ante el juez de Órgiva que instruía la causa, su causa, declaró que se había fugado cuando estaba prácticamente arruinado, con 8.000 euros en la cartera y un billete de avión -de ida- comprado con una tarjeta de crédito.

Del 8 de octubre de 2004 al 12 de diciembre de 2007. Fue el periplo en la clandestinidad de Herrera, huido de la Justicia y de quienes en la Alpujarra, hasta entonces sus vecinos, maldecían su nombre. Hubo incluso manifestaciones reclamando la captura del prófugo, que había abusado de la confianza que habían puesto en él todas esas personas a las que estafó. De esas mismas de las que Herrera quiso protegerse celebrando su ingreso en prisión provisional una vez declaró ante el juez de Instrucción número 1 de Órgiva, que se prolongará ahora casi una década tras el acuerdo alcanzado ayer por la Fiscalía, la defensa y las acusaciones personadas en la causa. Herrera también explicó en su momento a preguntas del juez de Instrucción cómo había sobrevivido en la República Dominicana, donde la Guardia Civil le localizó tras arduas gestiones para averiguar su paradero. Aseguró haber residido en propiedades de alquiler, aunque los agentes que investigaban su desaparición le localizaron en una habitación de un hotel.

En el Caribe, Herrera se ganó la vida haciendo de intermediario. Inmobiliario, por más señas. El que antes fuera jamonero se dedicaba a observar qué propiedades se ponían en venta y, sin necesidad de que nadie se lo pidiera, jugaba sus bazas. El que fuera el dueño de Jamones Fernando ponía anuncios en periódicos locales e incluso diseñaba trípticos promocionales en los que informaba de las propiedades que estaban a la venta, aunque él nunca -aseguró en sede judicial- había comprado ningún piso ni se tenía constancia de que tuviera propiedades en República Dominicana.

El 12 de diciembre se personaron en su domicilio caribeño varios policías de la Interpol y le requisaron varios objetos personales, entre los que Herrera citó ante el juez su cartera con 120 euros en pesos dominicanos, su reloj, el móvil y una esclava de oro. Le anunciaron que podía darse por detenido.

El jamonero de Trevélez voló de regreso a España con la custodia de los agentes de la Interpol, que entregaron al arrestado a la Policía Nacional en el Aeropuerto de Barajas. En Madrid prestó declaración por primera vez, después de años eludiendo la Justicia. La Guardia Civil se hizo entonces con él y lo trajo de vuelta a Granada. Ahí terminó su fuga y comenzó su calvario judicial -su caso pasó por la jurisdicción Mercantil, Civil y Penal- que también concluyó ayer con el acuerdo llegado por las partes personadas en el proceso. Ahora, únicamente queda que la Audiencia dicte sentencia.

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