"El portero me agarró del cuello, me tiró al suelo y me golpeó en la cabeza"

  • Marisa J. A. denuncia haber sido presuntamente agredida por uno de los vigilantes de la Mae West · La empresa dice que "sólo la invitaron a salir" del local "porque iba bebida"

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Marisa J. A. asegura que se le pasó "de todo" por la cabeza, pensó "en lo peor" y se sintió "muy indefensa" cuando un portero de la discoteca Mae West presuntamente la agredió en la madrugada del sábado. Después de que ayer acudiera a la comisaría para hacer una ronda fotográfica en la que, según explicó, reconoció al presunto agresor, esta peluquera de 21 años relataba su versión de los hechos, diametralmente opuesta a la aportada por el establecimiento.

"Cuando la discoteca estaba a punto de cerrar, a eso de las siete menos algo de la mañana, me senté en una barandilla porque me hacían daño los tacones. Entonces un gorila se me acercó y me dijo de muy malos modos que me quitara de ahí. Yo simplemente me negué porque tenía los pies reventados", asegura. Y aquí, siempre según su testimonio, comenzó su calvario particular.

"Me cogió del cuello y me sacó por un pasillo oscuro. Así me desplazó unos diez metros y yo no pude defenderme. Me sacó a la puerta trasera, me tiró al suelo y me golpeó en la cabeza", explica Marisa. Todo terminó cuando "pasó un compañero del vigilante, le dijo algo en su idioma y se largaron". Sin embargo, la joven precisa que finalmente entró con el portero al local, después de que le pidiera que no la dejara "allí tirada", "sin móvil" y "sola".

Como consecuencia de lo ocurrido, Marisa se quedó "en estado de shock" e "hiperventilando", de modo que fueron sus amigos los que avisaron a la Policía Nacional. Después la joven presentó una denuncia por estos hechos en la Comisaría Norte, lo que ha motivado que el Cuerpo Nacional de Policía comenzara a investigar los hechos mediante la toma de declaración de los implicados.

Por el momento no hay ninguna persona detenida, aunque otra joven ha difundido su visión personal de los hechos en la red social Tuenti, donde indica que la supuesta víctima fue "cogida por el cuello, empujada y tirada por el suelo".

Sin embargo, la versión del establecimiento es absolutamente opuesta a la aportada por el supuesto agredido. Y es que un representante de la empresa que gestiona a la discoteca indica que "en torno a las seis y media de la mañana la chica estaba sentada en una barandilla de la sala central y con los pies hacia afuera, con lo cual existía riesgo de que, al sufrir cualquier empujón, se cayera".

Por ello, un responsable del servicio de vigilancia se dirigió a ella para "pedirle por favor" que se quitara de ahí. Sin embargo, la joven "no accedía" y, según la impresión del portero, "iba bastante bebida", por lo que "la invitó a que abandonara el local".

"Cuando alguien está borracho en la sala se le invita a que la abandone y tome el aire, pero esta chica estaba tan confusa que no entendía lo que el vigilante le estaba diciendo y el motivo por el que lo hacía: su seguridad", afirman desde la empresa. Las mismas fuentes precisan que Marisa "se disculpó" y "se fue hacia donde estaban sus amigos", quienes, al parecer, "le preguntaron dónde había estado".

Y fueron ellos, según la versión del local, los que "la animaron a rellenar una hoja de reclamaciones" después de que la joven les dijera que "los porteros la habían dicho que se marchara fuera".

Fuentes de la empresa explicaron también que en base al Reglamento de admisión en espectáculos públicos, existen una serie de obligaciones de los clientes, entre las que se encuentran "el cumplimiento de la organización o el orden de la empresa". De esta forma, argumentan que un usuario como Marisa "no se puede poner tan indignada porque le exijan que cumpla algo lógico, normal y que, además, evita un riesgo".

La empresa, además, asegura que "la historia termina ahí", de forma que "no hubo agresión alguna" y tanto la chica como sus amigos "abandonaron la discoteca con total tranquilidad", por lo que el relato de la joven es "una invención". De hecho, afirma no tener constancia alguna de que ni siquiera exista un parte de lesiones.

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