Un programa emplea a 323 personas en riesgo de exclusión

  • Desde que se inició en 2004 se ha atendido a 974 personas · Más del 30 por ciento han conseguido un trabajo

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Nunca es tarde para empezar una vida mejor. Pero cuando por las circunstancias, o a veces por los propios errores, una persona se encuentra en una situación de exclusión social o en riesgo de caer en ella, puede convertirse en una carrera de obstáculos intentar salir de ahí. Un programa promovido por el Instituto Municipal de Formación y Empleo (IMFE) y el Área de Familia y Bienestar Social persigue la inserción laboral de estos colectivos como uno de los pasos esenciales para conseguir su integración social.

Desde julio de 2004, que es cuando arrancó el programa, se ha atendido a 974 personas y 323 de ellas han conseguido un empleo. La mayoría han sido contratadas en el sector servicios: en limpieza, cocina o vigilancia, entre otras actividades. Ocho de ellos incluso se han lanzado a la aventura de montar su propio comercio.

Principalmente el proyecto se dirige a tres grupos: reclusos o ex reclusos, las personas sin hogar y aquellas que por uno o otro motivo se encuentran en riesgo o en situación de exclusión social, como pueden ser víctimas de malos tratos, discapacitados o inmigrantes.

"Uno de los objetivos es dotarles de instrumentos personales, es decir, de autoestima, iniciativa, confianza y habilidades sociales", explica la directora del IMFE, Marifrán Carazo, que aclara que se les atiende de forma individualizada. Se marca un itinerario o plan de trabajo y, según el caso, se les facilita la realización de cursos de formación o de prácticas en empresas. "Realizamos también labores de intermediación laboral, con convenios de prácticas o sensibilizando a las empresas", prosigue.

"Estas personas están tuteladas y se hace un seguimiento, para que no existan problemas", añade la concejal de Familia y Bienestar Social, Ana López Andújar, que explica los obstáculos con los que se tropiezan normalmente estos colectivos. "Suelen tener una baja formación, muchos tienen inexperiencia, carencia de hábitos laborales y de habilidades sociales. Demuestran una escasa tolerancia a los contratiempos y cualquier pequeña cosa les puede devolver a una situación de exclusión", advierte la concejal, que añade que a veces, además, arrastran adicciones o enfermedades. "En el programa se les demuestra que tienen valores, que pueden hacer cosas como los demás", cuenta. Es un buen primer paso para emprender un nuevo camino.

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