"El caso de los rumanos es sólo la punta de la exclusión social que hay en Granada"

En su toma de posesión prometió trabajar por y para todos pero con especial dedicación a los sectores "más débiles" de la sociedad granadina. Melchor Sáiz-Pardo, el defensor del Ciudadano de Granada, parecía que adivinaba su futuro más próximo. No se equivocó, mientras se realizaba esta entrevista, en la Plaza del Carmen le esperaban los rumanos del Cortijo Nuevo en el PTS, vecinos de la Zona Norte y un sinfín de historias que se han convertido en sus retos diarios.

-Inevitable preguntar por la última hora del caso de los rumanos de Cortijo Nuevo.

-La última hora se decidirá el lunes cuando nos reunamos con ellos y con los miembros de Asaja. Encontrarles trabajo y alojamiento son los dos problemas básicos para que comiencen a desarrollar su vida con normalidad. Aquellos que acepten las ofertas destinadas a la recogida de la aceituna tendrán trabajo y los que no quieran seguirán con su modo de vida aunque si es así, la oficina nada tiene que hacer.

-Su papel como mediador ha sido muy valorado. ¿Tan difícil es que se pongan de acuerdo las administraciones teniendo en cuenta que hablamos de un tema social?

-Es difícil porque en Granada no sólo hay rumanos sino que, según el último informe de Cáritas, hay 1.500 sin techo. Teniendo en cuenta de que unos eligen la calle como medio de vida y otros no , la realidad es que en Granada hay medios para que todo el mundo duerma en una cama, pero cumpliendo unos requisitos. El problema es que las administraciones tienen que atender a todos y el caso de los rumanos no por ser más mediático es más urgente que otros. La premura se ha debido a que el PTS necesitaba el cortijo como sede y unos fondos europeos (300.000 euros) expiraban en junio.

-Aún así, desde que se conoció el problema, ¿no cree que ha habido demasiada lentitud?

-Se ha trabajado intensamente, pero hay que reconocer que aunque los recursos municipales y los de la Junta no están colapsados, sí un poco saturados. Los servicios sociales están para que se reduzca la exclusión y lo ideal es que se pudiera eliminar pero no existen medios para hacerlo. De todos modos, mi labor como Defensor es mediar y no valorar cómo están o no las administraciones.

-¿Es el tema al que más horas le ha dedicado?

-No, esta es la punta de una problemática que hay en Granada que se llama exclusión social, pero no es el único tema a solventar. Me han llevado muchas horas los temas urbanísticos, sobre todo, los que afectan a inquilinos de edificios viejos que ahora deben abandonarlos porque los requieren los propietarios. Otro asunto que hemos tratado bastante es el de la protección y seguridad ciudadana al igual que el del vandalismo. Otra realidad que nos preocupa es la contaminación.

-La mayoría de los temas mano a mano con el ciudadano... ¿están muy alejados los políticos de la realidad de la calle?

-Bueno, esta oficina es fruto de la corporación municipal así que está por algo y para alguien. Mi labor es ser un como un filtro, un gestor o mediador pero, después, pasan por los servicios correspondientes. A pesar de romper una lanza a favor de las administraciones creo que le hace falta una política de imagen. Se ha mejorado la atención al público, pero hace falta más. Por ejemplo, los organismos no deben dar el silencio por respuesta. De todas maneras, tener esta oficina es toda una valentía porque media, pero también tira de las orejas.

-¿Qué proyectos de futuro tiene en la oficina?

-Estamos preparando un informe ambiental. Creo que hay que tomar conciencia de la gravedad que la contaminación tiene para la salud. Potenciar el uso del transporte público es una medida, pero no la única, aunque es un tema delicado porque si el Ayuntamiento corta el tráfico por el centro, probablemente, pierda las elecciones a pesar de que reduzca la mitad de contaminación.

-Dice que el vandalismo es otro de los temas qué ha tratado, ¿algún plan nuevo?

-Por ahora, vamos a reunir en enero a los tres responsables de las tres ciudades más cuidadas de España -Oviedo, Valencia y Zaragoza- en Granada, para que nos expliquen cómo logran mantener sus capitales sin graffitis, ni destrozos urbanos. El Ayuntamiento gasta cantidades ingentes contra el vandalismo que se podrían emplearse en servicios sociales. En el acto también estarán representados graffiteros, el presidente de TSJA, jueces de menores, todos los que tengan algo que decir. En realidad, creo que el reto de los jóvenes está en la convivencia y la multiculturalidad.

-¿Sólo de los jóvenes?

-Evidentemente, no. Es más, a los mayores también les cuesta aceptar la nueva realidad y lo he podido comprobar en el tema de los rumanos. Nuevas caras, modos de vida distintos que hay que aceptar o integrar en la sociedad.

-Uno de los ejemplos lo podemos ver en Almanjáyar, ¿qué solución le ve?

-En la Zona Norte se ha invertido mucho dinero y se han hecho muchos planes, pero allí volvemos a que todo radica en un problema de convivencia. La inmensa mayoría de los vecinos son ejemplares pero hay una minoría con formas de vida no lícitas, pautas escasas de sentido cívico que imponen sus criterios y la llamada ley del silencio. La solución podría ser la eliminación de los guettos para que las familias díscolas no estén juntas y tomar medidas con voluntad política como la de instalar sedes administrativas como la de la Junta. El principal problema es la inseguridad.

-Echando la vista atrás, qué le ha aportado este cargo.

-Me ha ayudado a conocer la realidad de Granada de una manera más profunda. Después de 32 años contando lo que veía, pero desde la barrera, ahora los estoy viviendo desde dentro. Mi balance del trabajo de todo mi equipo es muy positivo.

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