laliga 1,2,3 | Granada-Cultural Leonesa

Estado de depresión (3-3)

  • El Granada pierde en apenas cinco minutos una ventaja de 3-1 a pesar de encerrarse atrás

  • La roja a Víctor Díaz acongoja al equipo, que tira por la borda noventa minutos de notable

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Ciertamente, fue el mejor Granada de la era Morilla. Pero fracasó en quince minutos de paranoia. Se notó el regreso de sus mejores hombres, Machis y Ramos, que contagiaron a otros como Salvador Agra y al siempre brillante Kunde. Marcó tres goles que bien pudieron ser más, pero también pudo ser goleado. Los últimos diez minutos escarbaron en la herida rojiblanca. Marcados por la expulsión completamente inculpatoria de Víctor Díaz al soltar una coz a un jugador en el suelo, cuando lo que había que hacer era defender y dormir el partido. Pero no, el Granada cayó en el nerviosismo, acrecentado por su estado de descomposición anímica, y de un 3-1 pasó a un 3-3 en el último suspiro que incluso pudo ser un 3-4 de no haber errado un penalti Carcelén. Morilla decretó muralla y tentetieso y se esfumó una ventaja bien elaborada durante noventa minutos. Quizás el empate se circunscriba, por sus factores a un accidente, el problema es que ese accidente es mucho más grave desde el momento en el que no ganas ningún partido al Sevilla Atlético, palmas en Lorca y tampoco eres capaz de vencer a otro equipo en descenso como la 'Cultu'.

El Granada no se puede quejar de nada. Quizás de su suerte, pero esta también se merece. En el ambiente enrarecido de la semana encontró un apoyo inusitado en la grada, que se esperaba beligerante con los suyos pero que volvió a hacer borrón para echarse el equipo a las espaldas. Las carreras de Darwin Machis, la brega de Adrián Ramos, la potencia de Kunde, la implicación de Agra, la seguridad de Chico Flores... El público se impregnó y en el arranque brioso y fulgurante de un gran Granada, el equipo se adelantó gracias a un remate del camerunés. También la afición arropó al equipo a pesar de que el resto de la primera parte mostró su cara empobrecida. Aupó tras el inicio prometedor de la segunda, tras el autogol de Saunier que complicaba las cosas, y hasta que llegó el empate final. Ahí sí se oyeron los pitos y ondearon algunos pañuelos, dirigidos tanto a los jugadores, como al técnico, al palco, y también al árbitro, que tuvo bastante poca culpa del desenlace.

Hasta el 88', más o menos, el Granada se había labrado el triunfo. Ni bien, ni mal, simplemente trabajado. Con quince minutos de relumbrón en el comienzo del encuentro que dieron paso a una fase donde el equipo trató de controlar, pero en el que dejó que los leoneses de crecieran con el balón, precisamente lo que les gusta. No estuvieron mal los de Morilla esperando atrás, pero les pudo salir caro con un tiro al poste del ejecutor final Moutinho. Fue el único momento de pitada de la afición, que veía cómo los rivales se iban gustando cada vez más. La falta de movimientos y de fluidez adelante no encontraba salida aunque Espinosa tratara de aparecer entre líneas. La primera galopada de Machis llegó en el 42'.

De una primera mitad mediocre se pasó a una segunda donde el Granada fue más ambicioso. En los primeros diez minutos generaron opciones claras Machis, Ramos y Agra hasta que el venezolano puso el 2-0 que daba tranquilidad. El equipo tuvo más balón, dejó inane a los de Rubén de la Barrera, que ni siquiera con el regalo de Saunier en el 2-1 encontraron consuelo porque los rojiblancos, en vez de pertrecharse, buscaron con más denuedo el tercero, obtenido por Kunde.

Quedaban veinte minutos. Parecía hecho. Estaba más cerca el cuarto, pero sucedió la tontería de Víctor Díaz, expulsado, que generó una serie de catastróficas desdichas. Los cambios deshilacharon al equipo y, acongojadísimo, el Granada se metió en su área. Aguantó un penalti más que dudoso de Javi Varas sobre Salvador, errado por Carcelén a dos del final, pero en el 90', Sergio Marcos puso el 3-2 rematando solísimo desde el punto de penalti. También solísimo estaba Moutinho para marcar el 3-2.

Si se supone que un equipo está como gato panza arriba, que tiene un entrenador que trabaja precisamente esa faceta, es completamente inexplicable que un rival inferior en la tabla empate, y casi gane. El play off se queda a tres puntos. Se ha pasado de luchar por el ascenso directo a jugarte las eliminatorias ante los peores. Tienen derecho a deprimirse.

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