"Corten la cabeza a la serpiente"

  • Los documentos revelados por Wikileaks ponen de manifiesto la obsesión de los dirigentes saudíes por conseguir que los norteamericanos bombardearan a los iraníes

Los cables diplomáticos estadounidenses filtrados por el sitio web Wikileaks revelan que Arabia Saudí está obsesionada con el peligro del programa nuclear iraní y con las aspiraciones hegemónicas de Teherán en la región.

Pese a que el reino saudí, de confesión suní, se muestra moderado en sus declaraciones públicas sobre su potente vecino chií, los documentos revelan que en privado se muestra muy vehemente contra el programa nuclear de Irán, del que sospecha que el objetivo es la bomba atómica. "Les ha dicho a ustedes que le corten la cabeza a la serpiente", declara, citando al rey Abdalá, el embajador saudí en Washington, Adel al Jubeir, a su homólogo estadounidense en Iraq, Ryan Crocker, y al general David Petraeus.

El diplomático les recuerda también las "exhortaciones frecuentes (del rey) a Estados Unidos para que ataque a Irán y acabe con su programa militar nuclear", según la retranscripción de la reunión del 17 de abril de 2008.

En enero de 2009, el ministro adjunto saudí de Relaciones Exteriores, el príncipe Turki al Kabir, "advirtió que si Irán intenta producir armas nucleares, otros países del Golfo se verían obligados a seguir su ejemplo".

En marzo de ese mismo año, el rey Abdalá consideró que incluso si se resolviera el conflicto israelo-palestino, "el objetivo de Irán es crear problemas. Dios nos guarde de ser sus víctimas".

Al igual que las demás monarquías del Golfo, con la excepción de Qatar, Arabia Saudí teme también las veleidades hegemónicas del Irán chií y persa, sobre todo en Iraq y el Líbano.

Riad acusa a los agentes iraníes de intentar implantar "organizaciones siguiendo el modelo del Hezbolá" libanés en Yemen y en África, según los documentos. Sostiene también que Teherán apoya la rebelión zaidita chií en el norte de Yemen.

Los documentos que ha hecho públicos Wikileaks dan una imagen sobrecogedora de la cultura de intrigas en la política árabe. Los más poderosos en la región, sobre todos los árabes del Golfo, se aprestan por ello a sembrar dudas en la autenticidad de los despachos diplomáticos que han salido a la luz.

En países democráticos, la brecha entre las declaraciones oficiales y no oficiales de los mandatarios no es muy amplia. En los países árabes, donde no siempre la democracia está asentada y sencillamente se gobierna sin la participación ciudadana, los mandatarios rara vez sostienen otra postura que la que mantienen en público.

Esa es la razón por la que la última publicación en la plataforma de internet Wikileaks es tan delicada para muchos gobernantes de estos países, pues en los despachos de los diplomáticos estadounidenses se pone de manifiesto que algunos de estos mandatarios han mentido a los gobiernos de los países vecinos y/o también a su propio pueblo.

Uno de los ejemplos lo ofrece un documento en el que el presidente de Yemen, Abdullah Salih, dijo el año pasado durante una conversación con el comandante de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, David Petraeus, que está dispuesto a hacer parecer que su Ejército está detrás de los ataques a presuntos terroristas de Al Qaeda y no el Ejército de Estados Unidos.

Según las impresiones recogidas por los diplomáticos, tampoco la verdad es siempre lo que parece con el ministro del Interior de Kuwait, el jeque Yabil al Sabah, miembro de la dinastía gobernante. El año pasado dijo al parecer al embajador de Estados Unidos en Kuwait que su país no quería acoger a los cuatro últimos kuwaitíes en la prisión estadounidense de Guantánamo, a pesar de que el Gobierno oficialmente demostraba su interés en su liberación. "Si están podridos", dijo, "entonces están podridos, y lo mejor que se puede hacer es deshacerse de ellos. Ustedes les han capturado en Afganistán, entonces deberían soltarlos allí, en medio del campo de batalla".

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