Nueva York vive un sobrio 11-S marcado por el museo y los derechos de las víctimas

  • Se van a añadir 50 tipos de cáncer a las enfermedades que sufren habitantes de la zona, miembros de los servicios de emergencia y trabajadores que participaron en el desescombro.

El undécimo aniversario de los atentados terroristas del 11-S, los más graves en la historia de Estados Unidos, transcurrió dominado por los anuncios de que las autoridades cerrarán dos viejas heridas: la conclusión del museo y el aumento de la atención médica a los enfermos. La ceremonia de recuerdo y homenaje a las 2.983 víctimas transcurrió de forma discreta y serena, con doscientas personas (en turnos de dos parejas) que leyeron los nombres de los fallecidos en orden alfabético. La lectura se interrumpió en seis ocasiones (las horas exactas en que se estrellaron los aviones y en que se derrumbaron las dos torres neoyorquinas) y se extendió durante casi cuatro horas.

Muchos de los participantes, entre los que había niños y jóvenes, no pudieron contener la emoción y hablar de sus seres queridos con la voz temblorosa o entre sollozos. "Te quiero y te recuerdo todos los días", fue el mensaje más repetido. Entre los cientos de espectadores, muchos acudieron con fotografías de sus seres queridos desaparecidos o mensajes para ellos. El escenario fue, de nuevo, el impresionante memorial presidido por dos piscinas con caídas de agua de 10 metros en cuyo alrededor están grabados en bronce los nombres de las víctimas.

Otras ceremonias paralelas, mucho más breves, tuvieron lugar en distintos puntos de la ciudad (como comisarías de policía, cuarteles de bomberos, la Autoridad del Puerto de Nueva York, o la empresa financiera Marsh&McLennan, que perdió a 295 trabajadores). La cercana Bolsa de Wall Street guardó también un minuto de silencio antes del inicio de la sesión. Por la tarde, dos enormes rayos de luz azul se iluminaron en dirección al cielo hasta el amanecer, en recuerdo de las dos torres, en el llamado Homenaje de Luz.

Pero más allá de la ceremonia, que transcurre año tras año con el mismo ritual, la novedad de esta ocasión ha sido que las autoridades han resuelto, aunque sea con mucho retraso, algunas de las principales reivindicaciones de las víctimas y de las personas que trabajaron en lo que entonces se llamó la Zona Cero. A última hora de la tarde del lunes se anunció un acuerdo entre los estados de Nueva York y Nueva Jersey y la alcaldía de la ciudad para reiniciar la construcción del museo que recordará a las víctimas, detenida casi un año por disputas sobre la financiación de las obras y el mantenimiento del centro.

Los gobernadores de ambos estados, Andrew Cuomo y Chris Christie, comparten el control sobre la Autoridad Portuaria (dueña de los terrenos) mientras que el alcalde neoyorquino, Michael Bloomberg, preside la fundación del 11-S. "Todos hemos entendido que esto tenía que solucionarse", declaró Bloomberg, quien aseguró en un comunicado que las obras "se reanudarán muy pronto y no se detendrán hasta que el museo esté concluido". Según las previsiones actuales, hace falta más de un año de trabajo una vez que las obras se reanuden, lo que hace bastante improbable que el museo se abra antes de 2014.

El anuncio se produjo pocas horas después de que las autoridades federales de salud anunciaran que van a incluir una cincuentena de tipos de cáncer en la lista de enfermedades que sufren habitantes de la zona, miembros de los servicios de emergencia y trabajadores que participaron en el desescombro tras los atentados. La decisión del doctor John Howard, director del Instituto Nacional para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, culmina una vieja reivindicación de muchos enfermos y activistas, convencidos de que ha habido muchos casos de cáncer contraído por respirar el polvo impregnado de toxinas tras el derrumbamiento de las torres.

Este undécimo aniversario ha vuelto a traer un fuerte incremento de las medidas de seguridad en Nueva York, con un despliegue de soldados y agentes de distintos cuerpos en zonas claves de la ciudad, como edificios oficiales importantes o estaciones de transporte público. Las torres serán sustituidas por la llamada Freedom Tower (Torre de la Libertad), cuya conclusión está prevista para dentro de dos años con un coste de unos 3.900 millones de dólares. La torre, incluyendo la aguja, tendrá una altura total de 541,68 metros (la cifra simbólica de 1.776 pies, en honor al año de la Declaración de Independencia de Estados Unidos).

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