Los portugueses acuden a las urnas dominados por el miedo al futuro

  • El candidato conservador del PSD lidera las encuestas y puede terminar con siete años de gobierno de los socialistas . Los votantes se preguntan dónde más se podrán o deberán apretarse el cinturón.

Cuando Nuno deposite este domingo su voto, su mano temblará. "Tengo miedo. Miedo por mí, por mi familia y por mi país", dice el ingeniero de 38 años, que hace tres está sin trabajo. Las elecciones al Parlamento de Portugal se celebran bajo el signo del temor. A Nuno le pasa como a la mayoría de sus compatriotas. En el país más pobre de Europa occidental, sacudido por una crisis económica, financiera, política y social, las perspectivas no son buenas.

Es que las noticias son demasiado malas, las advertencias demasiado aterradoras como para que surja la más mínima esperanza de cara a los comicios. "Tras las elecciones, todo será diferente, será mucho peor". Quien afirmó esto, en un artículo para el Diario de Noticias, es nada más ni nada menos que el legendario Mario Soares.

El ex jefe de Gobierno y ex presidente del país, fundador del Partido Socialista (PS) y gran artífice de la democratización lusa tras la Revolución de los Claveles en 1974, critica lo que califica de "mezquino juego de intrigas" de los partidos políticos y de falta de planificación del futuro.

Las elecciones anticipadas se han hecho necesarias después de que el primer ministro socialista José Sócrates tirara la toalla en marzo, luego de que su Gobierno de minoría no consiguiera el apoyo del Parlamento para un nuevo programa de ahorro, el cuarto en menos de once meses.

En las elecciones de 2005, Sócrates había guiado a los socialistas al mejor resultado de su historia, obteniendo una festejada mayoría absoluta en la Assembleia da República. Pero el primer mandato estuvo marcado por un magro crecimiento económico, así como varios escándalos de corrupción. Por ello, en las elecciones de 2009, los socialistas se impusieron con tan sólo el 36,5% de los votos.

Ahora, todo indica que los portugueses le pasarán una factura más abultada al hombre que aún dirige al país como jefe del Gobierno de transición. Según las últimas encuestas del canal de televisión TVI y del diario Público, publicadas anoche tras el cierre de la campaña, Sócrates obtendrá solamente el 31,1% de los votos.

Como gran favorito sale el conservador Partido Social Demócrata (PSD) del candidato Pedro Passos Coelho, con el 36,5%. Junto con el derechista Centro Democrático y Social (CDS), que llega al 11,5, el PSD se acerca a la mayoría absoluta. Estas dos agrupaciones aún no hablaron sobre una posible coalición de gobierno, pero los observadores estiman que es el desenlace más probable.

Mientras tanto, es seguro que también el CDU, una coalición de comunistas y ecologistas, con el 7,4%, así como el Bloque de Izquierda (6,0%) volverán a entrar al Parlamento de Lisboa.

La mayoría de los portugueses, empobrecidos y desesperanzados, desconfían de todos los políticos, pero saben que es necesario un Gobierno fuerte para tener mínimas posibilidades de salir de la crisis.  "Un Gobierno fuerte es indispensable. Por el bien del país, terminemos con las guerras de partidos", pidió varias veces el presidente de la patronal, Antonio Saraiva.

Las campañas proselitistas estuvieron marcadas por fuertes acusaciones e incluso ofensas. El nuevo Gobierno tomará posesión un mes después de los comicios, o sea a principios de julio. Y no tendrá tiempo "ni para sentarse", como dijo el Ministro de Finanzas, Fernando Teixeira dos Santos.

 Y es que ya en julio, Lisboa tiene que comenzar a poner en práctica las draconianas medidas de ahorro acordadas con la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

El país negoció un paquete de ayuda de 78.000 millones de euros. Muchos, sin embargo, creen que esta ayuda no será suficiente para sacar al país del borde de precipicio, y estiman que Portugal tendrá que reestructurar, tarde o temprano, su deuda externa.

 Mientras tanto, los portugueses que hoy acudan a votar se preguntan dónde más se podrán o deberán apretar sus cinturones a partir del lunes.

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