Alwin van der Linde: "Hemos llegado a un punto en que llamamos arte a todo"

  • El pintor holandés afincado en España inaugura el jueves en Granada una exposición en la que hace un repaso a su obra de los diez últimos años, en la que ha indagado sobre el realismo extremo

Pinta con absoluta precisión y todo lujo de detalles, hasta casi una percepción milimétrica, realidades que no existen. Ésa es la marca personal del pintor realista Alwin van der Linde: utilizar el realismo para manipular la realidad, mirarla a su gusto, desde su propia percepción personal. "Tengo un cuadro en el que pinto una higuera", dice. "Mucha gente piensa que he tomado el cuadro de una fotografía. Pero la higuera que pinto, en realidad, es un cuadro imposible, algo que no puede existir".

Pasado mañana, 8 de marzo, Alwin van der Linde expone en Granada, en el Centro Gran Capitán. La muestra, Diez años en España, es una antología de su obra, una cuidada selección de unos cuadros que muestran la obsesión del pintor por el mar, por el agua. "Cuando era joven, mi padre, que era muy aficionado al arte, me dijo que lo más complejo de pintar eran los metales, el agua o los cristales", explica. "Tal vez por eso me interesó. En realidad, el agua sirve para estudiar todas las posibilidades de la luz, todo su juego".

Nacido en La Haya (Países Bajos), en 1957, Alwin van der Linde decidió fijar su residencia en España hace 14 años. Lo hace a caballo entre Madrid y Extremadura. Es la primera vez que expone en Granada. "Tenía mucho interés por estar en Granada porque es una ciudad que me fascina y que ha atraído a muchos de los grandes artistas. Desde que la visité por primera vez en los años ochenta, he regresado a la ciudad con bastante frecuencia". Para su exposición, el pintor holandés ha hecho dos cuadros expresamente dedicados a la Alhambra. "Uno es un torreón que parece muy contemporáneo y otro es una fuente. A los dos, de todos modos, los he manipulado".

Van der Linde siempre ha ido a contracorriente de las modas pictóricas. "Cuando yo comencé, el realismo ya no estaba de moda, todo era abstracción. Ahora, la crueldad de las cosas es que la abstracción tampoco está de moda". Él, sin embargo, sigue su propio camino. "Lo importante de un artista es que se deje guiar por su instinto personal y no por las modas".

Lo que resulta curioso es que, si el realismo no está de modo, ¿cómo las exposiciones de creadores como Antonio López son multitudinarias? "Porque para quien no está de moda es para la crítica, que intenta marginar un poco lo que siempre han sido los conceptos clásicos de pintura. Yo recuerdo que ya en los años 70 los críticos decían que la pintura en sí había muerto".

"Para mí la pintura es, sencillamente, una materia, una materia que el artista puede manipular a su antojo para crear otras realidades. Y eso es irreemplazable", señala. "El problema es que hemos llegado a un momento en que llamamos arte a todo. Una persona que hace instalaciones no es igual a otra persona que se dedica a investigar, a indagar en todas las posibilidades". Después sentencia: "Sólo hay arte bueno y arte malo. Trabajar con medios vanguardistas no es garantía de que una obra sea interesante o válida".

Alwin van der Linde no es ajeno a la realidad actual ni a los cambios en los procesos de creación. Le interesa el vídeo, la fotografía e incluso es compositor de música que explora la atonalidad. De hecho, en su exposición se proyectan dos vídeos, Aguas negras y Aguas claras, en los que, a partir de imágenes reales, el artista, mediante la manipulación, va desintegrándolas. "Ése es el viaje que para mí es el arte: la necesidad de investigar lo que percibimos y jugar con ello".

Curiosamente, mientras sus vídeos y fotografías están totalmente distorsionadas gracias a la aplicación de las nuevas tecnologías, sus cuadros son de un realismo portentoso, casi tangible, pero inexistente. "Yo odio que se utilicen palabras como 'hiper-realismo' para definir una forma de pintar. 'Híper' puede ser un supermercado muy grande. Pero la 'hiper-realidad' no existe. Por tanto, no puede haber pintores 'hiper-realistas'".

Más tarde añade, respecto a la aparición de las vanguardias del siglo XX en arte, en música, en teatro. "Nuestra riqueza respecto al siglo XX ha sido la capacidad de poder acceder a las propuestas más inimaginables. Eso nos ha dado una escala de posibilidades enorme. La gente que se ha preocupado por ser culta tiene en sus manos oportunidades increíbles".

El siglo XXI, más que un siglo que era una promesa de futuro, se ha convertido, por el momento, en un siglo de crisis. "Pero no sólo estamos viviendo una crisis económica brutal, sino también una crisis artística, espiritual, social. El problema de las vanguardias es que se han quedado sin argumentos", agrega. "Y se ha quedado sin argumentos porque la vanguardia siempre se hizo en oposición a algo. Pretendía ser crítica, denunciar las injusticias sociales. Sin embargo, en 2012, vemos que esa postura no ha cambiado. Esas denuncias de la vanguardia ya no valen porque el arte en sí mismo se ha convertido en un objeto de consumo. Es una absoluta contradicción que un artista antisistema luego pretenda cobrar una fortuna por una obra suya".

"En el fondo", apunta Alwin van der Linde, "la historia del arte es como la historia de la humanidad: todo son olas y olas que van y vienen, todo es cíclico". "Yo creo", manifiesta, "que estamos en un momento de Renacimiento, aunque todavía en un estado muy temprano".

Alwin van der Linde sabe muy bien cuál es su camino y su estilo. Sus cuadros parecen verdaderas fotografías. Pueden verse con la misma intensidad desde un metro de distancia o desde diez centímetros. Las escenas en las que retrata una orilla del mar, con el agua estrellándose contra las rocas resultan impresionantes. Ha elegido el camino más difícil de la pintura.

"Cuando yo era joven, era muy rebelde y me atraía mucho el arte contestatario", comenta. "Pero pronto me di cuenta de que era un arte muy fácil. Aquellas propuestas de Marcel Duchamp de colocar una taza de water en un contexto extraño estaban muy bien en su momento. Pero hoy no tendría sentido volver a hacerlo porque es algo que ya está hecho. No hace falta repetir eso".

"Yo he elegido el camino que es la investigación de la percepción", abunda. "Me gusta analizar lo que puede producir una emoción. Yo no soy una fotocopiadora. Ni siquiera utilizo fotografías para pintar mis cuadros. La belleza de la pintura está en los matices, en sus extraordinarias sutilezas".

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