La Berlinale cierra con un drama sobre niños soldados

  • La sección oficial concluye con 'Rebelle', del canadiense Kim Nguyen

La Berlinale cerró ayer su desfile de aspirantes al Oso de Oro con Rebelle, un filme centrado en una niña soldado del Congo, acorde con la tónica de un festival abocado a mostrar las lacras y convulsiones del mundo actual.

Rebelle, dirigida por el canadiense de origen vietnamita Kim Nguyen, fue el último grito de alerta de esta Berlinale sobre los dramas humanos que azotan el planeta.

Rachel Mwanza en el papel de Komona, la niña a la que capturan con doce años los rebeldes y cuyo "bautizo de fuego" consiste en obligarla a ejecutar a sus padres, es el eje de un filme que apenas deja algún minuto de respiro de una muerte a la siguiente.

Una película hermosa y de bajo presupuesto, como la mayoría de los 18 aspirantes a Oso que se han visto en esta Berlinale, cuyas quinielas apuntan a una victoria del cine anfitrión, encabezada por Barbara, de Christian Petzold. El filme, centrado en una doctora berlinesa mandada a provincias y acosada por la Stasi -policía política de la Alemania comunista-, lidera el ranking tanto de la crítica internacional de la revista del festival, Screen, como del diario berlinés Der Tagesspiegel.

Le siguen L'enfant d'en Haut, otra película de modesto formato que tocó fibra y dirigida por la suiza Ursula Meier, y Tabu, del portugués Miguel Gomes, una hermosa historia de amor en blanco y negro en el África colonial.

El jurado dirigido por Mike Leigh, con el director iraní Asghar Farhadi -Oro el año pasado con A separation-, puede decantarse por las preferencias comunes o buscarse su propio filme, de manera que todo pronóstico es aventurado.

El director del festival, Dieter Kosslick, diseñó la lista de la competición como una especie de mapa geopolítico de los conflictos, pendientes o saldados, de todo el mundo, con las revueltas árabes como eje, pero dándole a la temática su sentido más amplio. Se vieron así películas como Captive, con Isabelle Huppert secuestrada por terroristas islámicos en Filipinas, o Cesare deve morire, de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, sobre el complot para asesinar al tirano trasladado a una cárcel romana de hoy.

Se repasó el estallido de la toma de la Bastilla, la 'madre' de las revoluciones, con Les adieux a la reine, aunque en versión light y sin guillotinas de por medio, y se proyectó cine durísimo, sobre la xenofobia contra los gitanos, de la mano del húngaro Csem a Szél (Just the wind), otro sólido aspirante a Oso.

Salvo un par de excepciones, han sido nueve días de cine de alto voltaje político o social, salpicado de dramas personales, casi siempre en formato de películas sin concesiones al espectador. La danesa En Kongelig affaere alivió la recta final, con su magnífico retrato de la Ilustración a partir de un amor palaciego.

La media de calidad ha sido de las más altas en años, lo que no quita que lo visto no sean precisamente películas para arrastrar al cine al ciudadano común que busca evadirse de sus propias crisis.

"Optamos por el cine pequeño que dice mucho, aunque eso no sea lo más placentero ni un imán para el gran público", comentó Kosslick, entre sesión y sesión. "Los nombres más atractivos vinieron fuera de concurso. Ellos no necesitan nuestra plataforma para ser estrenados en todo el mundo", añadió.

El último de esos "imanes", fuera de concurso, fue Robert Pattinson, al frente del reparto de Bel Ami y seduciendo a Christina Ricci, Uma Thurman y Kristin Scott Thomas. A Pattinson no se le quita en toda esta recreación de Guy de Maupassant la cara de vampiro por la que suspiran sus fans. Unas cuantas decenas de ellas estaban apostadas ante el Berlinalepalast desde primera hora de la mañana para verlo posarse sobre la alfombra roja, en el pase previsto para las once de la noche.

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