Bill Callahan busca en Granada la cura de vida para su desamor

  • El músico estadounidense presenta esta noche en el Teatro Isidoro Máiquez los temas de 'Sometimes I wish we were an Eagle', su último y más sentimental disco

El desamor que le impulsó a escribir su último disco, unido a sus inquietudes y una particular visión del mundo aderezada con sátira e ironía, han sido los elementos que definen los últimos conciertos del músico estadounidense Bill Callahan, que esta noche se subirá al escenario del Teatro Isidoro Máiquez de CajaGranada.

Acompañado en las tablas por el baterista Neal Morgan, Callahan repasará esta noche algunos de los temas de su último trabajo, Sometimes I wish we were an Eagle (2009), el cual toma el desamor como punto de referencia para definir sus sentimientos y mostrar un punto de vista sobre la vida que fluctúa entre la tristeza y la admiración.

Moviendo las piernas en actitud de marchar durante todo el concierto, gesticulando y riendo, lamentándose e incluso rugiendo delante del micrófono aprovechando su profunda voz de barítono, este artista de Maryland, pionero en el movimiento musical lo-fi de rock alternativo, es siempre garantía de de un espectáculo intimista.

Temas como All thougths are prey to some beast, de su último disco, sirven para que Callahan y Morgan dejen claro sobre el escenario que es posible llenar de intensidad las tablas desprovistos de cualquier efecto sonoro y sólo con tres armas, como son una trabajada guitarra rítmica, la potente y grave voz de 'Smog' -apodo de Callahan durante muchos años - y una batería versátil.

En sus últimos conciertos de esta gira española, el músico de Maryland exhibe también temas de su anterior etapa profesional bajo el nombre de Smog, como Like sycamore, una bucólica canción en la que explota su voz grave y en la que no esconde sus influencias de la música folk estadounidense.

Con las complejas y de elaborada melodía Eid ma clack svaw y Too many bird, el artista demuestra la metamorfosis que ha tenido lugar en él durante los últimos años, pues en sus primeros tiempos huía de los modernos sistemas de grabación y registraba sus composiciones en aparatos domésticos de forma precaria.

Y es que Callahan grabó Sometimes I wish we were an Eagle de una manera poco usual hoy día. Contrató a algunos músicos de sesión en Austin, donde vive en la actualidad, y grabaron juntos las canciones. Después él se marchó de gira y envió las cintas al productor y arreglista de esa misma ciudad, Brian Beattie, para que este escribiera los arreglos de cuerda y viento, los grabara a la antigua usanza (con los músicos en torno a un micro aéreo) y luego montaron juntos las pistas sobre las bases de las canciones.

No es Leonard Cohen, aunque apunte maneras. Con este último disco, Callahan viste su música de toda la emoción y ternura posibles para compartir algunas de sus experiencias más íntimas, de desamor y también de locura.

Todas las máscaras de Callahan: la de experimentalista pop, la del impenitente herido de amor y vida; la del actor y la del músico, se unirán esta noche en una para regalar una actuación memorable.

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