Crítica de Cine cine

Catetos en acción

Daniel Craig, Channing Tatum y Adam Driver, a las órdenes de Soderbergh. Daniel Craig, Channing Tatum y Adam Driver, a las órdenes de Soderbergh.

Daniel Craig, Channing Tatum y Adam Driver, a las órdenes de Soderbergh. / g.h.

En el que parece su enésimo regreso después de otros tantos anuncios de retirada, Steven Soderbergh vuelve por uno de los caminos que más éxito le ha proporcionado en su carrera, a saber, el cine de robos, triles y elencos de relumbrón (aquí tenemos juntos a Tatum, Driver, Craig, MacFarlane o Swank) que, desde aquella ya lejana Un romance muy peligroso y pasando por las sucesivas entregas de la saga Ocean, sigue funcionando como engrasada maquinaria con groove (cortesía de David Holmes) para el entretenimiento ligero e intrascendente con pedigrí de autor.

La cosa es que ahora Soderbergh, de la mano de su guionista Rebecca Blunt, pretende desglamourizar las dinámicas del golpe perfecto para darle protagonismo a esa basura blanca del Medio Oeste (estamos en la profunda West Virginia, como se encarga de recordarnos la canción de John Denver que sirve como himno de orgullo local) que, en su torpeza, incompetencia y mala suerte, verá redimida su leyenda negra con uno de esos atracos imposibles que sólo un guion tramposillo puede ejecutar a la perfección mientras el espectador está embobado con el frenético ritmo de la acción.

La suerte de los Logan funciona por tanto como un Ocean's eleven en mono de faena, con acento y gorra de béisbol para entregarse a la caricatura del buen paleto y al retrato de los usos y costumbres de una Norteamérica de concursos infantiles, bares de carretera cutres, peluquerías baratas y tipos tatuados con escasas luces que también se merece su porción del pastel por los servicios prestados a la patria.

Algo rutinaria y previsible incluso en sus quiebros trileros y sus ases escondidos en la manga, la película se deja ver empero gracias a su mecánica de propulsión, a la entrega del elenco a su perfil más caricaturesco y a algún que otro memorable gag a costa de un brazo de plástico y unas gominolas de ositos.

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