Conversación inacabada

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Es un hermoso título, muy sugerente, al que nos invita el autor, colega y crítico teatral Andrés Molinari, La catedral inacabada. Una pieza que literaria y dramáticamente trae una rica doble acepción: la metáfora contemporánea del arte como una conversación inacabada, una suerte de deseo perpetuo, una convocatoria abierta a la fascinación entre el que habla y a quien se habla; pero la catedral también es, la metáfora universal, el arte como un continuo histórico sin final: "Y el arte es una conversación que no se ha de acabar nunca". "Nunca". Así es dicho en escena, desmintiendo al telón final, por los protagonistas de la conversación: Alonso Cano y Velázquez.

Tras la lectura del manifiesto por el teatro, este año de Robert Lepage, a cargo del actor Francisco de Paula, dio comienzo, La catedral inacabada. En esta pieza Molinari inventa un encuentro literario: dos grandes pintores del Siglo de Oro pintan y conversan sobre arte y vida, en una placeta del Albaicín, desde la que se avista, el ábside de la catedral inacabada -que pintara Velázquez, en la que trabajara Cano- y, en lontananza, la vega. La puesta en escena de la compañía Corral del Carbón, recrea una escenografía albaicinera un tanto acartonada, con elementos textuales, el alminar de San José y un aljibe, llevados a la escena como elementos más ilustrativos que poéticos. Un montaje, tal vez, demasiado textual que transparenta un ejercicio dramático, fundamentalmente, discursivo. La catedral inacabada es un guiño y un homenaje más literario que dramático, no hay apenas tensión dramática porque no hay conflicto. Si bien, a lo largo de la pieza se dejan entrever tanto la admiración como el careo, la envidia de Alonso ante el viaje inminente de Diego a Italia y su triunfo como pintor de la Corte, entre multitud de datos históricos bien ensamblados. Sin embargo, no llega articular un conflicto. Un texto difícil de subir a escena, cuya dificultad estriba en la escasa acción dramática, y que la compañía Corral del Carbón estrena y sube, felizmente a escena. Un trabajo meritorio, pero al que vendría bien revisar la falta de movimientos escénicos que rompan con posiciones fijas de personajes relegados a un solo espacio escénico, y la limpeza en la dicción del actor al adoptar tonos graves. Un tercer personaje, que incorpora la Catedral es una mujer como trasunto alegórico de la inspiración del creador.

Día Mundial del Teatro, en Granada se nos invita a un estreno teatral y a la publicación de un libro de teatro, una buena celebración. Mi enhorabuena y, adelante esa colección de autores de teatro granadinos puesta en marcha por el Corral del Carbón. Falta mucho en la cartelera teatral granadina, compañeros: hay que continuar.

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