Educación indie

Bajo la denominación de FAM (Festival Andaluz de Músicas) la Industrial Copera y el Loop Bar & Records, ese local que es bar y tienda de discos de vinilo, organizaron este fin de semana la primera edición aprovechando el día de la comunidad. Primera lección de independencia y autogestión: mientras el público accedía a la sala y el grupo telonero se disponía sobre el escenario, el propio Jeremy Jay -pocos repararon en ello- esperaba tras el mostrador de la entrada con sus discos bien colocados y listos para ser vendidos. El hecho se repetiría al final de la actuación, aunque para entonces ya todo el mundo sabía que ese espigado flacucho que ejercía de dependiente ambulante no era ningún asistente sino el propio artista. Antes Suéter demostraron porqué son considerados el grupo más prometedor del panorama local. Pericia instrumental y claridad de ideas al servicio de un indie rock canónico que hace quince años se hubiera llamado noise rock y hace diez shoegazing. En la senda de Los Planetas construyen canciones de arreglos precisos y suntuosos, ejecutadas con solvencia y bien dosificadas de intensidad y expresividad. Una impecable imagen de chicos indie que haría lucir la portada de cualquier revista de tendencias hace el resto.

El angelino Jeremy Jay, una de las sensaciones de la pasada campaña con un solo álbum publicado -el segundo lo hará este mismo mes-, en cambio, reserva la expresividad para su voz y maximiza unos recursos sencillos y algo limitados, a veces esqueléticos, sobre los que edifica cada una de sus canciones. En ellas vuelca con honestidad todos sus referentes y obsesiones. Desde Gene Vincent a Ian Curtis, de Morrissey a Bobb Trimble, del que podría ser una reencarnación, en una suerte de melodrama romántico de aire inevitablemente retro que despierta la empatía del espectador. Desde Escape to Aspen, que abrió su concierto, hasta el bis final con Heavenly creatures, tal vez su mejor canción, Jay evidenció su rendida admiración por los mártires del rock. Y ya sean los malditos de los 50 o los nihilistas ingleses de los primeros 80, da la impresión de que vendería su alma al diablo por ser uno de ellos.

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