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"Escribo por intuición y luego reflexiono para responder a los periodistas"

  • El autor presenta esta tarde en CajaGranada 'La Belleza', ganadora del IV Premio Francisco Ayala

Miguel Torres López de Uralde presenta esta tarde su nueva novela, La belleza, en el Centro Cultural CajaGranada de Puerta Real (19:30 horas). Y no lo hará con la mesa repleta de ejemplares porque el libro, ganador del IV Premio de Narrativa Francisco Ayala, ha sido editado en formato digital, una de las características del galardón. Era algo que no estaba en sus planes, porque no tenerlo en las estanterías de su casa era una sensación extraña. Pero la "seriedad" de la editorial Musa a las 9 ha despejado sus prejuicios. "No me he equivocado aunque es un poco rato no tener algo físico, pero no me preocupa porque también soy lector de e-Book y la gente compatibiliza ambos formatos sin problema", señala el autor que, a diferencia de Kike Cherta, el ganador de la primera edición, sí ha leído un par de relatos del escritor que da nombre al galardón

-'La belleza' es uno de los títulos más rotundos de los que se pueden encontrar para titular una novela. De hecho parece un título muy cinematográfico...

-Es un título que me gusta porque no se olvida. Tengo la sensación de que me he equivocado en los títulos de otras novelas, precisamente por rebuscados y complicados. Mucha gente me dice: "He visto esa novela tuya, ¿cómo se llamaba?". Me gusta la simplicidad de La belleza.

-El libro es una mirada nostálgica a lo efímero de la belleza. ¿Quiere decir que la belleza es sólo un instante?

-Es una mirada nostálgica a la juventud que, por lo general, conlleva belleza.

-¿Escribe entonces esta novela desde una sensación de pérdida?

-Este verano cumplo 50 años. Escribo por intuición, no tengo grandes planteamientos previos. Las historias me vienen generalmente por una imagen, por algo pequeño en lo que intuyo una novela. En este caso es algo tan simple como dos personajes que se encontraban para entrevistarse en un ambiente confidencial. Veía esos personajes y en principio pensé en un periodista y un escritor o un cineasta. Entendía que a continuación iban saliendo los secretos del entrevistado, pero la gracia de la historia estaba en el que el entrevistador tenía un as en la manga, algo que desvelar también. Al final los protagonistas son un escritor y una alumna que está escribiendo su tesis. Esto lo tuve en la cabeza durante años, al germen le fueron creciendo raíces y ramas.

-El protagonista parece que sufre Alzheimer. Es un ejercicio de memoria al límite y con un evidente tono crepuscular...

-Es algo parecido aunque la enfermedad no se nombra en la novela. Es un hombre de una edad que ha amado la juventud, ha idealizado la belleza de la juventud como poeta y como hombre.

-En un momento dado de la novela se dice: "No duele lo que se olvida, sólo lo que se recuerda". En este sentido, ¿el Alzheimer puede ser incluso una liberación para un personaje atormentado como su protagonista?

-Este personaje tiene cosas de las que se arrepiente y que le gustaría olvidar, así que en ocasiones ve esta enfermedad como un bálsamo. Su vida en ese momento está entre recordar y no, ve cómo se le va la vida, aunque hay recuerdos que duelen. Yo escribo por intuición y luego tengo que reflexionar sobre mi obra para responder a los periodistas [ríe]. Sí que hay una reflexión sobre el arte y su relación con la vida. Yo entiendo la literatura como algo muy pegado a la vida del escritor, no concibo la novela como algo ajeno, creo que tiene que estar presente en su obra, ya sea un libro o un cuadro. Si no es así no me interesa el arte, aunque se trate de una obra que en apariencia no tenga nada que ver conmigo.

-¿Qué parte de usted se cuela en 'La belleza'?

-Siempre pongo todo, no sólo de mi vida, también de la gente que me rodea y las cosas que veo. No entiendo la novela como un ejercicio puramente autobiográfico, la ventaja es que a veces ni el escritor sabe cuándo está presente y cuándo no. Hay veces que me descubro a mí mismo escribiendo. En la novela se habla de las sombras, de esos agujeros negros que son una parte de nuestras vidas.

-Se sale del tópico del escritor omnisciente que tiene claro al sentarse a escribir hasta el color de los ojos y la marca de qüisqui que bebe el protagonista... ¿Es ante todo un escritor de dudas?

-No soporto a la gente que tiene la verdad en la boca, la labor de un escritor es hacerse preguntas. A veces las personas guardan secretos. Últimamente, como escritor, estoy tratando mucho el amor cuando es prohibido, cuando un ser humano ama y no debería de confesarlo. Es algo que no sé porqué me la cuestiono. En mi anterior novela era la sombra de un incesto. No me planteo si es moral o no, sólo la sensación de que a veces hay que esconder el amor.

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