Espectacularidad sorpresiva

Dentro de la programación internacional que incorpora la oferta del Teatro Alhambra -único espacio de la ciudad que programa compañías internacionales con asiduidad- la espectacularidad que despliega la compañía letona, The New Riga Theater, es una deliciosa ruptura con el resto de dramaturgias a las que andamos acostumbrados.

Larga vida es para el espectador una bocanada de aire fresco, una propuesta radicalmente singular y, en esa medida, rupturista porque plantea una dramaturgia, una escenografía, un código interpretativo y un espacio sonoro sorpresivos.

La primera extrañeza deviene de la trama. Larga vida narra un día en la vida de cinco ancianos que comparten un piso en la capital letona, Riga. Justo ahora en que todo apunta a perpetuar neciamente la juventud, llega un espectáculo que propone una reflexión sobre la vejez, cediendo el protagonismo absoluto a cinco seres ancianos y al conjunto de acciones cotidianas en el que consiste su existencia, el paso de un día en sus vidas. Igualmente inaudito es que el espectáculo se plantea como una obra de teatro de acciones físicas, gestual. Durante las casi dos horas en las que transcurre la pieza, al espectador no se le ofrece ni una sola frase, ni una sola palabra pronunciada al uso, que pueda ser entendida, inteligible. Sin embargo, la elocuencia de los gestos, las acciones físicas, los ademanes, los movimientos, los ruidos, balbuceos de los actores y las actrices junto a la diversidad del espacio sonoro -música en directo con micrófonos y filtros, ráfagas de música de radio, sintonías, noticias de telediario letón, el ruido de un antiguo molinillo picador de carne- hacen de Larga vida un espectáculo extraordinariamente elocuente, narrativo, capaz de conmover vivamente al espectador.

Obra poética, decadente, vitalista, cómica, aburrida, dulce, obsesiva, terca: una poética de la cotidianidad sorpresiva.

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