Estribillos de nuevo

  • The Wedding Present regresan con un disco de pop eficaz y letras con sentimientos de unos adolescentes tardíos

"El joven Gedge ha escrito algunas de las mejores canciones de amor de la era del rock and roll. Puede que no estés de acuerdo, ¡pero yo tengo razón y tú no!" De esta forma tan vehemente hablaba el mismísimo John Peel de la cabeza pensante de The Wedding Present hace ya algunos años. Ahora David Gedge ya no es tan joven pero la afirmación sigue siendo tan cierta como que es verano en el hemisferio norte. Después de labrarse semejante consideración durante la segunda mitad de los 80 y gran parte de los 90, en un país tan ingrato con los grupos con más de seis meses de trayectoria como Inglaterra, decidió poner fin a la aventura de The Wedding Present e iniciar una nueva singladura junto a su novia Sally Murrell. Bautizó al proyecto con el nombre de Cinerama y continuó con su prolífica producción de canciones agridulces que glosaban los sinsabores de los corazones enamoradizos. Pero en 2005 finiquitó el proyecto al tiempo que anunciaba la vuelta de The Wedding Present con el disco Take fountain. Todos los amantes del pop con mayúsculas se felicitaron y siguen de enhorabuena pues la decisión parece firme con la publicación de este nuevo trabajo titulado El Rey, así, en castellano. Con él se recupera una de las más brillantes páginas de su historia: la colaboración entre el grupo y el productor Steve Albini. Una garantía si buscas que tu disco tenga garra y pegada como ocurrió con Seamonsters (RCA, 1991) y un eficaz encargado de barrer cualquier vestigio que hubiera podido quedar de los más melosos Cinerama. El Rey es puro Wedding Present. Han pasado 17 años y la mano derecha de Gedge se ha atemperado un poco.

El nuevo trabajo no es ni tan ruidoso ni tan acelerado como entonces lo fue Seamonters, pero recupera la intensidad y las canciones a corazón abierto marca de la casa, que tanto echaban de menos los seguidores del grupo. Con la incorporación del nuevo guitarrista Chris McConville, vuelve a sonar compacto y efectivo, capaz de combinar los pasajes delicados cuando así se requiere con otros enérgicos y furiosos en los que Gedge da rienda suelta a sus frustraciones de adolescente tardío al que la confusión otorga aún más talento para encontrar las palabras que ayuden a expulsarlas. Don't take me home until I'm drunk o The things I like best about him is his girlfriend nos retrotraen a la época de I'm not always so stupid ('No siempre soy tan estúpido'). Quién sino él podría haber titulado de ese modo una canción.

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