Extraordinario comienzo de los matinales con Tomás Luis de Victoria y el Ensemble Plus Ultra

Sensacional respuesta del público al primero de los conciertos dedicados por el Festival a Tomás Luis de Victoria, y con el que se inauguraban también las actividades matinales de la muestra musical granadina. Ocupados los cuatrocientos asientos dispuestos, no fue suficiente con habilitar algunas sillas supletorias y público hubo que se quedó en la calle. Con decir que hasta se agotaron los programas de mano... No era para menos, dada la gran categoría del espectáculo que ayer se ofreció en la Capilla Real de la catedral granadina, con un programa que recreaba lo que debía ser una misa de Corpus Christi en torno a 1600, elección muy acertada al darse este año la coincidencia de la celebración religiosa con el comienzo del Festival. Y dado también el reconocido talento de los artistas que ayer cantaron en la capilla renacentista, dos conjuntos, Ensemble Plus Ultra y Schola Antiqua, que pasan por ser consumados especialistas en el repertorio elegido, como volvieron a demostrar con creces en esta actuación granadina.

De la calidad artística y musical del espectáculo poco se puede añadir en esta crónica, y voces críticas más autorizadas aportarán sin duda su opinión, pero lo que sí puede certificar este cronista es el silencio solemne y la atención casi religiosa con que el público atendió la actuación. Pareciera que los numerosos asistentes hubieran entrado sin problema en el contexto litúrgico del concierto, reforzado por el escenario, y se sentía uno por momentos transportado a una misa de fines del siglo XV. La interesantísima reconstrucción histórica y musical que ayer ofrecieron el Ensemble y la Schola permitía al auditorio moverse entre el antiguo canto llano, ya declinante en 1600 cuando se escriben estas piezas, y la nueva y genial polifonía que Tomás Luis de Victoria abanderó. La armonía y sensaciones artísticas transmitidas por este concierto sin instrumentos certifican lo maravillosa que puede ser la voz humana cuando es modelada por la genialidad de un compositor como Victoria y el talento de unos artistas excelentes.

A destacar también la dimensión plástica que adquiría la música en el fantástico escenario de la Capilla Real, de impresionante sonoridad, cuyas bóvedas adornadas y columnas de arabescos góticos parecían corresponderse con la música como si ésta hubiera sido expresamente creada para ser interpretada en ese espacio. La actuación iba así más allá del puro concierto para convertirse en todo un espectáculo para los sentidos. Sin reservas, un concierto extraordinario, que acabó con el público puesto en pie en una ovación interminable.

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