Fallece en París a los 87 años el escritor y político Jorge Semprún

  • Fue ministro de Cultura con el presidente Felipe González y firme opositor a todo tipo de totalitarismos · Su labor fue esencial en la negociación con la Colección Thyssen.

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Jorge Semprún Maura, fallecido ayer en París a los 87 años, ha sido una figura tan relevante en la literatura como en la política, con una trayectoria personal y profesional marcada por su denuncia de los totalitarismos. Escritor, superviviente de los campos de exterminio nazis y ex militante comunista, el que fuera ministro de Cultura con el presidente Felipe González nació el 10 de diciembre de 1923 en Madrid, en el seno de una familia burguesa.

Su padre, José María Semprún Gurrea, fue catedrático y ministro de la República en el exilio. Y su abuelo, por línea materna, Antonio Maura, varias veces presidente del Consejo de Ministros durante el reinado de Alfonso XIII.

Se trasladó a Holanda al comienzo de la Guerra Civil y al acabar la contienda, se exilió con su familia en París, donde finalizó sus estudios. Ingresó en el PCE y tomó parte en la Resistencia francesa. Fue detenido por la Gestapo y deportado en 1943 al campo de concentración de Buchenwald (Alemania), donde murieron miles de personas y donde el propio Semprún, marcado con el número 44.904, permaneció 16 meses.

Esta dura experiencia la reflejó más tarde en sus libros y en 2010 intervino en los actos conmemorativos del 65 aniversario del fin de los campos de exterminio.

Liberado en 1945, regresó a París, donde trabajó de traductor para la Unesco y colaboró en varias publicaciones, como la revista Les Temps Modernes, del filósofo Jean-Paul Sartre. Elegido miembro del Comité Central del PCE en 1953, ese mismo año viajó por primera vez y clandestinamente a España bajo la identidad de Federico Sánchez, su seudónimo político.

Colaboró con la editorial Ruedo Ibérico, creada en 1961 por cinco amigos exiliados en París: José Martínez Guerricabeitia, Nicolás Sánchez Albornoz, Ramón Viladás, Vicente Girbau y Elena Romo. A finales de los años 60 vivió de incógnito en Madrid, compartió responsabilidades políticas y acometió su primera novela, El largo viaje, que fue Premio Formentor y Premio de la Resistencia.

La Crisis del 64 en el PCE, con enfrentamientos entre su líder, Santiago Carrillo, y Jorge Semprún, abocó a su expulsión del partido. Publicó luego L'Evanouissement (1967), La Deuxiéme mort de Ramón Mercader (1969, Premio Fémina), Repérages (1974), y Autobiografía de Federico Sánchez (Premio Planeta 1977). En los años 80 aparecieron, entre otros, Vaya Domingo (1980), Montand, la vida continúa (1983) o La montaña blanca (1986).

Nombrado ministro de Cultura español el 8 de julio de 1988, medió en las negociaciones para la adquisición de la Colección Thyssen. Fue precursor del Decreto de ayuda a la Cinematografía de 1989 (Decreto Semprún), preparó el borrador de la Ley de Mecenazgo Artístico y Cultural, elaboró un Plan de Catedrales y trabajó en la mejora de relaciones y aumento de dotaciones con la Administración Autonómica.

Confirmado en el cargo tras las elecciones generales de 1989, el 29 de enero de 1990, primer aniversario de la muerte del pintor ampurdanés Salvador Dalí, firmó con la Generalitat el acuerdo definitivo para el reparto del legado artístico del artista catalán.

Cesó como ministro en marzo de 1991 y fue sustituido por Jordi Solé Tura. Desde entonces fijó su residencia en Francia y continuó con su labor literaria. Publicó su etapa ministerial bajo el título Federico Sánchez se despide de ustedes (1991), traducido al castellano en 1993. Otras obras de los años 90 fueron L'écriture ou la vie (1994, Premio Nuevos Derechos del Hombre, en París), Pálida madre, tierna hermana (1995, primer texto dramático), o Adiós, luz de veranos (1998).

Su primera biografía fue publicada en 2004 por su amigo y colega francés Gérard de Cortanze, con el título L'écriture de la vie. También colaboró como guionista con grandes nombres del cine francés, como Alain Resnais, Costa Gavras, Yves Boisset o Pierre Granier-Deferre, e hizo el guión de Las rutas del sur (1978) del estadounidense Joseph Losey.

Su heroica historia personal ocupa un lugar en el documental Los caminos de la memoria (2009), de José Luis Peñafuerte, presentada en la Seminci vallisoletana. En 2010 publicó Une tombe au creux des nuages (Una tumba en el hueco de las nubes), en la que revisa la idea de Europa y corrobora su fe europeísta. Y, pese a su mal estado de salud, en enero de 2011 apadrinó con el director palestino Elia Subliman el Festival Un état du monde et du cinéma.

A lo largo de su carrera fue distinguido con numerosos reconocimientos. Entre otros, el Premio Planeta 1977, Premio de la Paz de los libreros alemanes 1994, Premio Weimar de Alemania 1995, Premio Jerusalén de Literatura 1997, Premio Bruno Kreisky 2006 o Premio del Club Internacional de Prensa 2010. Está en posesión de la Gran Cruz de Carlos III (1993), Comendador de la Orden de la Legión de Honor francesa (1995) y Cruz Sant Jordi (1995).

Contrajo matrimonio con Colette Leloup en 1963, con quien tuvo a su hijo Dominique, y de una unión anterior aportó a su otro hijo, Jaime.

Semprún y Andalucía

El político y escritor mantuvo una estrecha relación con Andalucía, adonde acudió en repetidas ocasiones con motivo del estreno de una producción del Centro Andaluz de Teatro, Troyanas, que él versionó.

En una entrevista concedida en 2000 a Diario de Sevilla, Semprún afirmaba que aquella adaptación suya estaba recorrida tanto por su experiencia de la Guerra Civil española como por el amor a la lengua castellana, con diálogos que sabían a García Lorca y Manuel Azaña; y que uno de los atractivos de ese proyecto de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía era "el placer de volver a escribir en español".

"Por razones que no he elegido, la vida me ha llevado a exiliarme y vivir en Francia, de ahí que escriba en francés mucho más que en español. Y con mi idioma materno mantengo una relación de sorpresa y rechazo, porque salvo las dos novelas de Federico Sánchez y la que ahora escribo sobre la Guerra Civil, siempre me leo en castellano traducido por otros. Así que en Troyanas vuelvo a la lengua de Cervantes", reconoció entonces. "Troyanas comparte con una de mis mejores novelas, Aquel domingo, la idea de que la monstruosidad desafía la imaginación", añadía el escritor a propósito del texto de Séneca, que le parecía "revolucionario".

Semprún, pese a residir en la capital francesa, fue muy consciente hasta el final de su vida de su dimensión icónica para la intelectualidad española y se consideraba un firme defensor del oficio de escritor. Sobre su vida literaria, declaró también a Diario de Sevilla que "lo esencial en un escritor es el amor por el lenguaje, por la comunicación, que significa reconocer al otro, respetar al interlocutor. Todo lo contrario de lo que hace ETA. El escritor de verdad intenta convencer, seducir, enganchar, que es lo más opuesto al tiro en la nuca".

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