Homenaje a Pepe el Marino

Siempre que alguien desaparece deja un hueco a veces irremplazable, pero cuando se muere un maestro nos vamos quedando sin referencia.

José Ruiz Mingorance, conocido como Pepe el Marino, pasó gran parte de su vida enseñando lo que sabía. No sólo a tocar la guitarra, sino su filosofía vital. Dejó su huella y así se le recuerda y así se le respeta. Gran parte de los tocaores granadinos del momento han pasado por sus manos. Carlos Zárate, Miguel Ochando, Luis Mariano, Antonio Montalbán… tienen una deuda con el primero que les enseñó a acariciar una guitarra.

La noche del miércoles, sin demasiada ceremonia, organizado por la Federación de Peñas de Granada y avalado por el Ayuntamiento, se homenajeó a este tocaor silencioso. Sólo sus amigos se juntaron. Sólo los que habían pasado por sus manos y los que le hablaban de tú subieron al escenario para acompañar su memoria, para animar a su familia, para demostrarle su cariño.

Todos tuvieron palabras de recuerdo y admiración. Ofició de maestro de ceremonias Pepe Delgado, un gran conocedor del flamenco, escritor y amigo personal de El Marino. Granada Rociera, el grupo que formó y al que pertenecía, abrió la noche con rumbas, sevillanas y fandangos, alguno dedicado a Pepe.

Guilberto de la Luz comienza con unos martinetes bien modulados y termina con unas bulerías, a la manera de Calixto Sánchez, para ser oídas, en las que le acompaña su hermano Antonio Montalbán. José Fernández, con su hijo a la guitarra, hace, con su voz laína y muy flamenca, los caracoles de Chacón y unos fandangos comprometidos, como acostumbra este cantaor, que los acaba sin micrófono, a pie de escenario.

Antonio Gómez el Colorao, con José María Ortiz a la guitarra, se templa con marianas para acabar siendo largo en sus antológicas seguiriyas.

Tras un pequeño receso, comienza la segunda parte un emocionado Carlos Zárate, colaborador estrecho de Pepe el Marino, tocando unos tangos que forman parte de su reciente disco Placeta 7. Continúa este guitarrista con unas peteneras para baile, que canta Sensi de Carlos y baila su hermana Rosa Zárate, vestida de negro y con mantón crudo.

La sorpresa de la noche la trajo Ana, una jovencísima bailaora, sobrina del maestro, con este mismo cuadro detrás, que interpretó unos tangos con gran soltura. Antonio Trinidad, impulsor de este homenaje, cantó unos tientos y Mi pena un popurrí con cantes tradicionales de Morente, que contenía tangos, malagueñas y abandolaos.

Curro Andrés puso la guinda en la velada. Con sentimiento y compás abordó la dificultosa La niña de fuego con resultado excelente. Con buen sonido, Francisco Manuel Díaz lo acompañaba a la guitarra.

Antes de esta zambra caracolera, cantó por milongas el Romancillo del niño que todo lo quería ser de Benítez Carrasco. Cierra el festival Luis Heredia el Polaco, arropado por Luis Mariano, que hace soleares y por aclamación popular calca La Estrella de Enrique Morente. Con un fin de fiestas por bulerías se cierra definitivamente el telón.

Con esta actuación se rindió un sentido homenaje a un maestro de los cabales, buen hombre y guitarrista de gran saber que dejó en un grupo de buenos músicos granadinos unas clases magistrales que les acompañarán para siempre y guiarán su carrera en el futuro.

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