Montaje muermo de una obra menor

De: Albert Camus. Versión: Juan García Larrondo. Compañía: Centro Andaluz de Teatro. Intérpretes: J.P Carrión, J. Lara, E. Ortega, L. Rallo, C. Vioque, L. Centeno, L. Chaves, N. Cordero, M. Escurín, D. Falcón, A. Marín... Dirección: José Luis Castro. Lugar: Teatro Alhambra. Fecha: del 17 al 19 de febrero de 2012.

Entre la producción, las obras de Albert Camus, El estado de sitio me sabe -leyéndola- a pieza menor. A fábula en la que rige el tono general de la pantomima. Mezcla elementos de la tragedia griega (coro, destino trágico y sus augurios), el drama romántico (amor imposible entre los amantes, sacrificio del héroe), los personajes simbólicos del auto sacramental (Nada, La Peste y su Secretaria, La Muerte). Quiere El estado de sitio, pretende, construir una parábola contra el totalitarismo y la alienación inmovilista del individuo que ha perdido su naturaleza de cuidadano, ser político, responsable y motor de sus propias condiciones de existencia. Pero se queda en el nivel discursivo de la fábula, la pantomima, al no articular una trama y personajes complejos. En este sentido, no roza El estado de sitio ni de lejos a su novela La Peste. Dice Camus a El Pueblo (de Cádiz, donde sitúa la pieza), la moraleja: ¡Rebélate, no te dejes amedrentar por el miedo!

Estas cosas pienso antes de acudir al montaje del CAT, que produce la obra al hilo de las actividades del bicentenario de La Pepa; preguntándome qué clase de puesta en escena actualizaría, potenciaría lo mejor de la pieza (camuflando o bien usando a su favor la falta de desarrollo dramático y el trazo grueso, maniqueo de los dos bandos, El Pueblo -bueno- versus La Peste/representantes del gobierno -malo, corrupto, tiránico...)-. Tal vez: un montaje que potenciara el antinaturalismo más estridente, caricaturesco para todos, una pátina general (del expresionismo al cómic), las coordenadas del guiñol (del teatro de títeres al vanguardismo de la gran marioneta).

Vista la puesta en escena, el CAT propone una lectura literal, que no cuestiona la pieza como pequeña obra maestra; trae un montaje vistoso, en las coordenadas de la tragedia épica coral (grandes volúmenes escenográficos naturalistas, a los que contrapone la tecnología del efecto o la proyección de fondo audiovisual); con lectura plana, sin amago de calzar la mínima contradicción en un discurso que tomado en su chata literalidad no roza ni cuestiona ideológicamente a nadie. Todo lo más que cuestiona el equipo artístico la pieza le sirve para meter tijera al texto, que sin embargo no sirve bien en la medida en la que, lo que corta por un lado lo alarga y rellena con cantos y coreografías corales, tomándose dos horas de función, que no defiende en escena. La puesta en escena transparenta una literalidad maniquea impregnando de naturalismo (y por tanto, verismo) al Pueblo y la pareja de amantes, frente a amagos caricaturescos, antinaturalistas (sin mucho vuelo; tintes galácticos para la Peste y La Muerte, bolsas de basura para el cinismo de Nada, proyecciones textuales aisladas de cine mudo). En fin; montaje vistoso muermo para aniversario de turno, que no celebra la creación.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios