Noche de máscaras y mazmorras

El Tornado R'n'R Club y el ente Nixon is my friend -sea esto último lo que quiera que sea-, unían sus fuerzas para celebrar su tercer y su quinto aniversario. Lo hacían con un cartel que definía bien sus afinidades de serie B. Bajo la denominación de Freak Bizarre Show, unían en concierto a dos de las propuestas más disparatadas del underground nacional: Los Tiki Phantoms y Patán & Los Cuernos.

Para los que aún no la conozcan, hay que explicar que la sala Who no dispone de un escenario en sentido estricto, sino que al mismo nivel que el resto de la sala, en una esquina, se acota un cuadrante para esa función. Vamos, que una reja negra delimita desde el suelo hasta el techo el espacio reservado a los artistas, que se asemeja más a una jaula para espectáculos sadomasoquistas que a un escenario. Quizá para otros conciertos este armazón no sea más que un estorbo, pero para el del pasado sábado se antojaba adecuado y hasta imprescindible. Lógicamente, la visibilidad se resiente y salvo los de las primeras filas o los muy gigantones, nadie puede saber a ciencia cierta lo que pasa sobre el escenario. Y menos aún las aportaciones al show del enano que complementa los anfetamínicos trallazos de Patán & Los Cuernos. Militantes del frikismo, ataviados como castigadores amos practicantes del bondage o como luchadores mexicanos de pressing catch, los algecireños no dan tregua con su apresurada relectura del más sucio de los sonidos del punk, como quedó bien a las claras con las versiones con las que cerraron su actuación: el mítico Autosuficiencia de Parálisis Permanente o Me gusta ser una zorra o la interpretación del I wanna be your dog de Las Vulpes. Aunque todavía más antigua era la rumba Se acabó que encumbró a una entonces provocativa María Jiménez.

Tras ellos aparecieron tras los barrotes de la mazmorra los Tiki Phantoms, uniformados y con las caras igualmente ocultas. Con su segundo álbum recién publicado, su música instrumental de ascendente surfero es menos irreverente pero tan incendiaria como la de sus predecesores, sobre todo cuando se mezclaron entre el público que pareció enloquecer.

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