Ojo de pez para el amor

  • Urdiales adapta la obra de Lope en la que habla del primer manicomio de España

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Un manicomio convertido en una arcadia feliz por donde discurre el amor más puro, el amor loco. Es la paradoja que presenta Teatro Corsario en Los locos de Valencia, una adaptación de la obra de Lope de Vega en la que la compañía consigue desenmascarar el sentimiento amoroso como si lo mirara a través de un caleidoscopio o el ojo de pez de una cámara fotográfica.

La obra cuenta, como explica el director de Corsario, Fernando Urdiales, cómo surge el amor entre los habitantes del que fue el primer hospital para locos que hubo en España, en Valencia, y donde convivían enfermos y trabajadores. "Se ve aquí la metáfora sobre el amor. El amor es loco. Los que se enamoran lo hacen inevitablemente a través de un proceso de auténtica locura". Sin embargo, los límites no son tan claros. "Quién es el loco y quién el cuerdo... Es una pregunta que se ha hecho la humanidad desde siempre".

Los dos protagonistas son una mujer que es tomada por loca tras huir de su casa y disfrazarse de hombre y un supuesto asesino que va a recluirse al lugar más seguro, el manicomio. Entre ambos surge el amor pero se ven obligados a esconder su verdadera personalidad a través de la locura.

La locura fingida, el mundo al revés y el infinito cúmulo de disparates con alusiones eróticas y un tono carnavalesco que se dan entre las cuatro paredes del hospital hacen de la obra una "comedia amable y jocosa" adaptada al teatro contemporáneo por la compañía con un lenguaje que atraviesa los siglos sin necesidad de impulsos. Permite una lectura doble cuando divierte con la locura fingida de los protagonistas y enreda cuando hace uso de la comedia burlesca.

Arquetipos extravagantes y burlescos denotan la influencia de la comedia del arte en una obra "que nos habla del Lope inédito de su primera etapa", explica Urdiales. El Lope de Vega que escribió la obra a raíz de su estancia en Valencia entre 1589 y 1590, "cuando huía de sus líos amorosos", explica Urdiales. Tenía 27 años por entonces y ya había pasado por la cárcel, había guerreado con la Armada Invencible, se había casado con Isabel de Urbina y cumplía en este tiempo una condena de ocho años de destierro fuera de Madrid.

Lenguaje y escenografía forman un tándem absoluto. Un cubo ajedrezado y deformante es el escenario imaginado por Corsario para los locos-cuerdos que surgieron en la cabeza de Lope en su juventud. "En los últimos montajes estamos buscando nuevos lenguajes para expresar los clásicos desde la perspectiva contemporánea, tanto por lo que tenga que decir como por el estilo formal".

"Formalmente", cuenta el director, "me interesó trabajar con elementos escenográficos y vestuario que distorsionasen un poco el naturalismo, una perspectiva que deformase el ámbito donde se desarrolla la acción para conseguir los objetivos".

Escenario sencillo pero efectista. Vestuario sublime. Espectáculo visual. Son algunas de las claves que utiliza Urdiales para recuperar el teatro clásico.

Aunque la compañía ha realizado montajes de autores y estilos diversos, el Teatro Corsario ha alcanzado un notable prestigio con sus puestas en escena de los dramaturgos del Siglo de Oro español. Esta circunstancia les animó a celebrar su 25 aniversario con la puesta en escena de Los locos de Valencia. Una comedia "para todos los públicos y que puede parecer incluso que no es una obra clásica".

Entre otras cosas porque su director tuvo que acortarla. "Al principio, pasa que uno peca incluso de excesivo respeto por el autor pero hay que considerar que hay cosas dentro de las obras que ya no interesan a la sociedad actual, como el tema del honor por ejemplo, por ser demasiado farragosas para un público que no le da la importancia que tuvo en su época". Sin embargo, prefiere mantener el vocabulario de época "siempre y cuando se entienda. Hay expresiones, sobre todo las chistosas, que hay que traducir por algo que pueda llegar al público de hoy".

El director, que prepara la adaptación de El caballero de Olmedo, también de Lope de Vega, considera que si no se programa más teatro clásico es por ignorancia y espera que el repertorio español se normalice.

"En el apartado del clásico creo, y si no no me hubiera dedicado durante tantos años al clásico, que al público le gusta pero desgraciadamente hay mucha gente que se dedica a la programación que bien por falta de conocimientos, por dudas o porque piense que sean aburridas para el público no se 'arriesgan'.

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