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  • Un catálogo editorial como el de T&B se basta y sobra para colmar el anhelo lector del cinéfilo más recalcitrante l Una de sus joyas es 'El nombre delante del título', autobiografía de Frank Capra

Hubo un tiempo, ya lo dije en otra ocasión, en que los cinéfilos que además éramos lectores lo teníamos crudo. Sabíamos de la existencia de ensayos, monografías o autobiografías, libros decisivos de nuestros géneros o cineastas predilectos, pero o no había traducciones o, si las había, se trataba de productos con una distribución limitada o deficiente, lejanos, siempre lejanos. Hubo un tiempo en que debíamos contentarnos con lo que nos ofrecía la pantalla y quien quería más no tenía con qué consolarse. El panorama, hoy, es muy otro. Un catálogo editorial como el de T&B se basta y sobra para colmar el anhelo lector del cinéfilo más recalcitrante. A ello debemos sumar el atractivo de unas ediciones muy cuidadas que convierten cada volumen en una perla de nuestra biblioteca, y precisamente de una de estas perlas querría hablar: la autobiografía de un maestro del Hollywood clásico, Frank Capra: El nombre delante del título.

Dice Jeanine Basinger en su introducción, y no podemos estar más de acuerdo con ella, que "La autobiografía de Frank Capra es como una película de Frank Capra". ¿Y cómo eran sus películas? Capra se especializó en un cine constructivo y moral, que elogió con entusiasmo los beneficios del esfuerzo y la honestidad en esa tierra de promisión y futuro que una vez fue, para muchos, los Estados Unidos. Capra no fue un ingenuo, sino un sentimental; nunca dudó en señalar los defectos del sistema, aunque lo hizo desde la convicción de que bastaba la voluntad o buena fe de unos pocos para subsanarlos. El resumen de cómo abandonó las tierras exangües de Sicilia, con apenas seis años, para emigrar a la soleada costa californiana, y de cómo se partió el espinazo para hacerse con una educación, pues supo reconocer la tara de toda forma de ignorancia, para acabar convirtiéndose en una de las figuras más aclamadas de la Meca hollywoodiense, todo ello, supone un compendio perfecto de lo que previamente había contado su cine. El enfoque, por descontado, es el del self made man, tan grato a la épica norteamericana; no debe sorprendernos, pues, si en numerosos pasajes vemos alzarse las miasmas de la vanagloria.

Capra fue en su cine, y volvió a serlo en su autobiografía, un pintor de ambientes atento a los pequeños detalles, esos detalles en cuyos pliegues se ocultan Dios y el diablo: ese rayo de sol en unos postigos entreabiertos, esa sombra fresca en un extremo del porche, esa brisa que evoca una imagen nítida y hace el recuerdo tan nuestro como suyo. El nombre delante del título consigue hacernos vivir aquel periodo de ebullición en el cual Hollywood, sin dejar de ser una industria, fue además un manantial, se hubiera dicho inagotable, de talento creativo. El tono es celebrativo, pero Capra no duda en tender algún trapo sucio, como cuando a mediados de los años 30, antes de la debacle, los magnates hollywoodienses se negaron a dar trabajo a actores judíos para que sus películas pudieran ser distribuidas sin problemas en la Alemania desquiciada y aria de Adolf Hitler. El autor maneja con desenvoltura el tempo narrativo, así como el difícil arte de los diálogos, que suenan tan convincentes y fluidos como los de sus intérpretes en la pantalla. Por no pesar, ni siquiera pesan los episodios más idealizados de su recordación: como buen narrador, Capra consigue esa preciada "suspensión de la incredulidad" que lleva al lector a aceptar tal cual cualquier fábula, por muy alejada que esté de sus intereses personales, tal es el caso.

En esta crónica, Frank Capra comparte páginas con figuras como Harry Cohn, James Stewart o Frank Sinatra; algunos comparsas tienen los nombres de Ernst Lubitsch, Clark Gable o Marilyn Monroe, que se dice pronto. El libro gustará a los amantes del cine, y no sólo. El nombre delante del título nos conduce a través de las bambalinas del gran mundo de Hollywood, a lo largo de más de cuatro décadas de Historia del Cine, y tiene a bien desvelarnos aquellos secretos con los que el Séptimo Arte fue ganando en sofisticación y quilates al tiempo que, según él, perdía una inocencia que, según yo, quizás nunca tuvo.

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