Piedras aladas

JOSÉ WATANABE (Perú, 1946-2007). Hijo de familia pobre, su educación se debate entre las supercherías andinas de su madre (peruana) y el espíritu de Bushido que su padre (inmigrante japonés) le inculcaba, por ejemplo, a través del haiku. De éste (budista y, no obstante, celoso restaurador de estatuillas de santos caseros) asimila el sosiego en las maneras; de ella (bracera en un enclave azucarero) un envidiable gusto por lo oral. Y en él, en sus poemas, se proporcionan admirablemente esos valores encontrados; cuando, en 1986, le hospitalizan y diagnostican un cáncer de pulmón (tal cual el que acabó con su padre), antes que abatido se siente "la única impureza en ese cuarto aséptico". Un refrenamiento vitalista no más, una tensa celebración por seguir perteneciendo.

A parábola menor por poema, en sus libros habitan animales (tortugas, ardillas, lenguados, mantis religiosas, peje-sapos, leonas, gatos, orugas, etc.), partes del cuerpo humano (las manos, los ojos, las tetas, las orejas), huesos, piedras, bosques, ríosý Watanabe siempre buscaba enseñanzas en lo pequeño, en lo intrascendente o desapercibido, para derivarnos luego hacia regiones que escapan a nuestro dominio y que hemos de registrar por medios puramente contemplativos: la sensibilidad inteligente, las palpitaciones del entendimiento empático. En él no encontraremos grandes dudas -ni resueltas ni irresolubles-, sino más bien austeros cobijos para la lucidez de la conciencia y un acomodo en ella para el mundo. Artesano sobrio en el decir y chamán taoísta en lo dicho, se diría que sólo en sus poemas se cumple nuestro idioma, que el resto lo despilfarramos balbuceando apenas.

En abril de este año no pudo superar su segundo embate de cáncer, y murió precipitadamente cuando su obra poética -reconocida desde temprano en Perú- estaba empezando a ser publicada y valorada en España.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios