Placer de la escena

Guión: Emilio Goyanes. Compañía: Laví e Bel. Intérpretes: (actores) Javier Parra, Piñaki Gómez, Camino Miñana, Nerea Cordero y Larisa Ramos; (músicos) Morten Jespersen, Javi Viana, Miguel Pérez y Oriol Boixader. Coreografía: Cristina Quijera. Escenografía: Carlos Monzón. Iluminación: Miguel Miñambres. Sonido: Juan Guerrero. Vestuario y atrezzo: Marisa Pascual. Dirección: Emilio Goyanes. Fecha: 6 de diciembre.

Agotan localidades, desde su estreno para la Expo de Zaragoza en el 2008, hasta hoy. Con Cabaret Líquido, Lavi e Bel se complace en convocarnos al disfrute, darnos bienvenida al placer. Es todo un saber hacer escénico, avalado por una trayectoria de años, lo que se deja ver en este espectáculo aplaudido por miles de espectadores y la crítica que rompe, por derecho, con toda norma, programándose en el Teatro Alhambra por segunda vez.

Hasta llegar a esta pieza y a su galardón, Premio Max 2009 al mejor espectáculo musical, Lavi e Bel ha ido fraguando toda una trayectoria artística arriesgada, trabajando siempre en los márgenes del teatro no convencional: antinaturalista, de fuerte impacto visual, poético, de dramaturgia compleja y no literaria. Destacándose como una de las compañías que ha llegado a especializarse, depurando un género tan complejo pero tan gratificante como el cabaret.

En la charla con los intérpretes y su director, Emilio Goyanes, posterior al espectáculo cuentan que el espectáculo bebe de muchas fuentes: la copla, el tango, el jazz, los programas de radio, anuncios, la revista española de los años 20, el clown, el circo, las variedades, la historia, el cabaret berlinés, el parisino, el relato del suicida que salva la vida en El sabor de las cerezas, viejos materiales o ideas surgidas durante la preparación de otros espectáculos, etc, junto a todo el trabajo de improvisación y propuestas de los intérpretes músicos y actores. Tengo bien poco que añadir a lo que ya escribiera el pasado enero sobre Cabaret Líquido.

Decir y repetir: que la diversión y la espectacularidad recaen sobre un guión bien armado, el humor lúcido-lúdico que sin llegar a ser punzante abarca desde la crítica a la ternura, un elenco de nueve intérpretes que aglutina en un solo nivel a actores y músicos, un vestuario que dice rápidamente del personaje y recrea a la vista, un grupo de músicos versátil con muy buen directo, unos actores que saben hacer como sin esfuerzo con el registro del café cantante. De nuevas: acepta maravillosamente bien revisitarlo por segunda vez, que el magnífico elenco lo interpreta -asombrosamente- con la misma frescura que cien funciones atrás, que son ellos quienes dan prestigio y no a la inversa al Premio Max, y que es uno de esos contados espectáculos que nos concilian nuevamente con el placer de la escena que activa los placeres de la vida.

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