Rubem Dantas se divierte

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Como si fuéramos a ver unos fuegos artificiales. Fue más grande la expectación que los resultados. Rubem Dantas, entre los mejores percusionistas del mundo, introductor del cajón peruano en el flamenco, acompañante de Paco de Lucía y Camarón, como Julio César, vino, vio y, en cierto modo, venció. Es muy difícil luchar contra los elementos y triunfar en La Chumbera, esa sala imposible del Sacromonte granadino, es una obra de encaje. Sin hablar de otras cuestiones, una pareja o un trío de actuantes, tiene problemas para ser sonorizados en este local. Mucho más si son hasta dieciocho músicos en escena tratando de amoldar su instrumento a la big bang, intentando imponer su sonido en un turbio maremagno.

El concierto duró poco. Rubem ofreció una muestra de su último disco, Festejo, y dejó bien claro su labor de mestizaje. Su música, eminentemente de percusión, como es natural, bebe del jazz, del flamenco, de la samba y la bossa, del son... Cuenta con músicos de innegable valor y de las nacionalidades más dispares, desde Brasil a Uruguay o Venezuela pasando por los Países Escandinavos, hasta España. Se echó de menos algún solo de percusión del protagonista. Aunque sí nos brindó un tema, semi improvisado, cercano a la bulería, con un pequeño instrumento de cuerda, al que se le unió la melódica de Maldonado y el piano de Eduardo Dorda. Entre tanto sonido farragoso, donde se impone la percusión (batería, cajas, congas...), eso sí, con una sincronización perfecta, y el rondón continuo del bajo eléctrico, además de algunos acoples, pudimos distinguir, sin embargo, las bondades de un gran trabajo, las excelencias de algunos solos.

Rubem propone en primer lugar un tema jazzístico llamado Nuevo 2 para continuar con su propuesta más coral. Canelo es una pieza dedicada a los indios mapuches o araucanos de Chile, a la que convoca nada menos que quince músicos a su alrededor, alcanzando el momento cumbre del mestizaje. Es de destacar el juego de voces, a las que se une el propio Dantas, y su hipnótica melodía. La participación del flamenco en este corte adquiere relevancia con la guitarra de 'El Pirata' y con el taconeo preciso del bailaor José Cortés y su incursión por seguiriyas.

El tercer tema, cruzando el ecuador del concierto, es una balada, Pixinguinha, también incluida en la grabación, en la que los vientos toman un sensible protagonismo especial. El momento más flamenco de la noche son unas bulerías que canta La Nitra, con su timbre tan exclusivo y tan flamenco, aunque su voz se perdiera siguiendo la tónica general de la velada.

Termina la noche con Shalaba (Al sur de tu cintura), interpretado por la mayoría de los músicos presentes. Se refiere, según aclaró el músico brasileño, la cintura del mundo es el Ecuador. Antes de irse, a capela, continuó la diversión, cantando todos un poquito del Yo vivo enamorao de Camarón.

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