"Siempre estoy buscando algo que ya pasó"

  • Documentales como 'El país del diablo', 'Fotografías' o 'Prohibido' retratan la personalidad de un cineasta cuyas películas suelen adquirir la forma del viaje

Hay algo de Ulises en Andrés Di Tella. Quien tenga la oportunidad de ver algunos de sus documentales en la retrospectiva que Cines del Sur le dedica verá que de alguna forma su cine termina siendo siempre un viaje. Ocurre en la vuelta al pasado que realiza en Montoneros, una historia (1994), donde refleja de forma magistral los años violentos que sacudieron Argentina; o en Fotografías (2007), donde busca en India sus propios orígenes. El libro Inventario de regresos, que se presenta hoy en el Festival, recorre la trayectoria de una de las voces más interesantes del documental contemporáneo: "Para mí fue una sorpresa y un gran honor estar en este festival pequeño pero de tanta calidad y rigor".

-¿Es cierto que escribió siendo un niño un cuento sobre la Odisea y que considera aquello una especie de premonición?   

-Es gracioso. La verdad es que ha sido bastante premonitorio. Desde pequeño, por mi familia, hemos vivido en Londres, Estados Unidos... y viajado a India, de donde era mi madre. Es increíble porque a la vez mis películas suelen tomar la forma del viaje. Me sale instintivamente. Muchas veces son búsquedas y la búsqueda toma la forma cinematográfica del viaje. Me resulta interesante que aquí hayan publicado este libro, Inventario de regresos, que me ha hecho pensar que, efectivamente, muchas de mis películas son eso: volver sobre los trazos de alguien o volver a algún sitio hasta alguien o mis antecesores.  

-Lo hizo en 'Fotografías', donde usted buscó su propia identidad.   

-Comencé rastreando el pasado de mi madre, que nació en India, un hecho bastante inusual en Argentina. Además, mi madre, como suele pasar con los que emigran, cortan de alguna manera el vínculo con su patria de origen y no suelen transmitir a los hijos muchos de su cultura. Pasó en mi caso. Yo no sabía nada de India hasta que ella murió y fue la motivación para viajar con mi propia familia, mi mujer y mi hijo, para indagar en ese pasado un poco enigmático de mi madre y al mismo tiempo una parte de mi propia identidad.

-Y en esa particular Odisea cinematográfica, ¿qué clase de monstruos o dioses ha encontrado por el camino?  

-Es un poco paradójico pero parte de lo que me gusta de esas búsquedas que emprendo es desviarme y quizás, como le pasaba a Ulises, terminar en una isla donde no pensaba recalar y encontrarme con monstruos cuya existencia ni siquiera conocía. Trato de estar abierto a lo que voy encontrando y en el caso de Fotografías, si bien se trataba de indagar en el pasado de mi madre, en el camino me encontré la historia inesperada de otro hindú de Argentina, Rama, hijo adoptivo de Ricardo Güiraldes, que es el autor de Don Segundo Sombra, una novela clásica donde inventa el mito del gaucho, que es parte clave de la identidad argentina. Güiraldes fue en realidad un viajero que se inspiró en un maestro hindú para crear este personaje del gaucho.

-Usted también se convierte en personaje de sus propias películas...  

-Aparezco en mis últimas películas como narrador y casi como personaje, que es un vehículo para que el espectador pueda compartir este viaje conmigo. Hay algo de mi propia realidad, de lo que va sucediendo, pero también de ficción, de construcción, de armar una historia. 

-¿Se desvanecen entonces los límites entre ficción y realidad? 

-Trato de respetar el pacto con el espectador: ésta es una historia verdadera, todas mis películas lo son, pero en la forma hay ciertos elementos de ficción o de recreación que tiene que ver con contar una historia de la mejor manera posible para que el espectador viaje con el personaje y haga sus propios descubrimientos y encuentre sus propias emociones. 

-¿Es de los que van siempre con la cámara a cuestas por lo que pueda pasar? 

-Ahora justo la tengo porque voy a filmar una cosa en Madrid pero filmo sólo cuando hago una película si no no. Lo que sí llevo siempre es mi cuaderno de notas.

-¿Conserva entonces algo de su pasado periodístico?  

-Eso fue hace mucho y la verdad es que me he alejado un poco del periodismo. No busco la noticia, lo que siempre estoy buscando es algo que ya pasó o que está en algún rincón invisible.

-¿Recuerda qué películas le marcaron de niño?  

-Siempre he visto mucho cine de pequeño. Ahora justo tengo un hijo que tiene 13 años y estoy intentando mostrarle algunas películas que yo vi a su edad como El niño salvaje, de Truffaut, o El espejo, de Tarkovsky, que se me quedó bastante en la memoria. Películas sobre recuerdos de infancia. Pero más que el cine me ha influido la literatura. Siento más afinidad con toda la literatura del ensayo autobiográfico. El hindú Naipaul, por ejemplo, ha sido para mí una influencia más fuerte que cualquier cineasta.

-Con 'Hachazos', su último trabajo, podría decirse que inaugura una nueva forma de hacer cine.

-Hachazos es tres cosas a la vez: una performance con proyección, un libro -que saldrá a la luz en agosto- y también un filme. Tres cosas con el mismo nombre. Es la misma historia de un hombre, Claudio Caldini, que fue un cineasta muy underground en Argentina en los años 70 y 80 y luego ha tenido una vida muy azarosa... Después de muchos años ha vuelto a hacer cine.

-Es mucho más que una película...  

-Una película puede ser muchas cosas porque uno está mucho tiempo haciéndola. Dos, tres años, es mucho tiempo invertido. Se busca la salida a los distintos intereses. Piense que uno puede meter en un libro lo que no se puede en una película.

-¿Qué necesita Andrés Di Tella para rodar?  

-No demasiado porque suelo trabajar con equipos muy pequeños. Es cuestión de tener el tiempo. Lo que más necesito es tiempo para investigar, para ir filmando de a poquito y también, aunque suene extraño, tiempo para entender lo que he filmado. 

-¿Para ver si el resultado es el que esperaba?  

-Sí, en el proceso del montaje. A veces uno descubre cosas que no esperaba y no es fácil abandonar las ideas originales. Otras me doy cuenta de que no tengo claro qué historia estoy contando y es después de revisarla cuando lo veo.

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