Soldadito universal

Acción, EEUU, 2009, 118 min. Dirección: Stephen Sommers. Guión: Stuart Beattie, Skip Woods. Fotografía: Mitchell Amundsen. Música: Alan Silvestri. Intérpretes: Dennis Quaid, Channing Tatum, Sienna Miller, Jonathan Pryce, Arnold Vosloo, Rachel Nichols, Christopher Eccleston, Marlon Wayans. Cines: Cinema 2000, Kinépolis.

Como todo buen blockbuster veraniego que se precie, G.I. Joe responde al diseño industrial de la franquicia dispuesta a rendir beneficios no sólo en la pantalla, reducida ya casi a un señuelo glamouroso para nostálgicos, sino en toda una serie de productos derivados, desde las palomitas y los refrescos con patrocinio, a los videojuegos y merchandising variado que acompañan su lanzamiento comercial.

G.I. Joe también rebusca en el imaginario popular de las series de televisión, la juguetería (aquí en los famosos geypermans) o el cómic para ponerlas al día en plena era del efecto especial digital con sus posibilidades infinitas para el hiperrealismo de lo imaginario y la experiencia inmersiva del parque de atracciones.

Aun así, el guión que firman Stuart Beattie y Skip Woods sigue acudiendo a las viejas fórmulas de siempre, a saber, todo héroe uniformado tiene su pasado oscuro, para organizar una estructura coral abocada a la secuela en la que, no obstante, lo importante sigue siendo el espectáculo, la acción y la mascletá continua que justifique la inversión en cacharrería.

Reunidos para salvar al mundo de un malvado traficante de armas y el inevitable científico loco, nuestros soldaditos cibernéticos, cruce entre Los hombres de Harrilson y Transformers, patriotas norteamericanos por encima de toda consideración multicultural, se lanzan a una frenética carrera atlético-tecnológica que los lleva de un lado a otro del planeta persiguiendo sofisticadas armas de destrucción masiva entre interludios románticos, venganzas aplazadas y momentos cómicos (todos para al payaso Marlon Wayans). Es lo que tiene la condición posmoderna, que no puede tomarse nada demasiado en serio.

Así, al margen de lo risible de algunos flash-backs explicativos y del morbo que nos provocan las heroínas (Sienna Miller y Rachel Nichols) embutidas en neopreno negro, lo mejor de esta feria de muestras de efectos y epilepsia dirigida por el especialista Stephen Sommers (La Momia, Van Helsing) se concentra en la espectacular secuencia de persecución por las calles de París que culmina con el no menos visionario derrumbe de la Torre Eiffel para asombro virtual de unos ojos que terminan agotados por tanto estímulo y unos oídos atronados por el potente THX.

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