Soledad Villamil pone un broche romántico al Festival de Tango

  • La artista repasa lo mejor del repertorio de sus dos discos, donde no falta el tango

Soledad Villamil llenó ayer sólo con su presencia el escenario del Isabel la Católica, acostumbrado estos días a acoger diversas y numerosas apuestas de tango. El último día del festival que arrancó el pasado martes fue el único en que una sola actuación era suficiente para poner el broche de oro. La argentina demostró por qué decidió lanzarse a la música y publicar el disco Soledad Villamil canta, con el que ganó el premio Gardel. Antes ya había demostrado con Glorias Porteñas que su otra faceta, inesperada y desconocida, como cantante, además de reconocida actriz, podría darle muy buenos momentos. Después vino Morir de amor y el siguiente, del que ayer hizo algunos adelantos, menos tanguero pero igual de intenso que los anteriores.

La elección de Villamil para cerrar esta 24 edición del Festival de Tango podría considerarse simbólica además de acertada. Teniendo en cuenta que el final de éste es de algún modo el comienzo del siguiente no había una voz mejor para la despedida. Romántica, dulce pero apasionada, su voz y, también su repertorio, son el preámbulo perfecto para ir celebrando las bodas de plata que se avecinan del tango con la ciudad.

El festival había 'paseado' todos estos días los ojos de la actriz por la ciudad como su seña de identidad y la expectación era alta. Ayer, por fin, los intrigados por la música que hacía la protagonista de El secreto de sus ojos pudieron comprobar su éxito. Como dijo Tato Rébora, el director del festival, en la presentación "el tango ha vivido siempre su mayor apogeo en épocas de crisis". La esperanza es poder recoger los frutos el próximo año.

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