Vargas Llosa elogia a la literatura como "protesta y rebeldía" en su discurso del Nobel

  • El escritor asegura que, sin las ficciones, el hombre sería menos consciente de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible

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La literatura, la libertad y el compromiso político. En una sala abarrotada de visitantes, el escritor peruano Mario Vargas Llosa fue fiel a su trayectoria y a sus grandes temas al pronunciar el tradicional Discurso Nobel en la Academia Sueca en Estocolmo.

Fue una intervención emotiva ante un auditorio que hablaba mayoritariamente español por primera vez en 20 años. El frío del invierno escandinavo, en una ciudad donde los montículos de nieve se acumulan ya en los arcenes, no disuadió del viaje a una gran comitiva de representantes peruanos, así como de España, el país que ha adoptado a Vargas Llosa como uno más de los suyos.

"Me gustaría que mi madre estuviera aquí", fueron algunas de las primeras palabras del novelista al empezar su conferencia titulada Elogio de la lectura y la ficción, pronunciada en español y que constituye uno de actos que más atención mediática despiertan todos los años en la capital sueca.

En el recinto ubicado en Gamla Stan, la Ciudad Vieja de Estocolmo, Vargas Llosa evocó con ternura a su familia y su infancia en Bolivia y Perú ante los ojos de su esposa, Patricia, y sus tres hijos, Álvaro, Gonzalo y Morgana.

Después de rendir homenaje a sus grandes maestros -el francés Gustave Flaubert y el estadounidense William Faulkner, entre otros-, el flamante Nobel de Literatura desgranó lo que ha convertido desde hace años en su manera personal de entender su oficio, especialmente marcada por el compromiso político y social.

"Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida", señaló el literato, con la voz sinceramente afónica por un resfriado. "Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad". De forma paralela a su labor literaria, Vargas Llosa es un apasionado comentarista político que llegó a ser candidato a la presidencia de su país en 1990.

"Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas", dijo también el escritor al hablar de temas de actualidad como las armas de destrucción masiva y el peligro de un "cataclismo nuclear". "Defendamos la democracia liberal", pidió.

Las frases entroncaban con la larga tradición de los Discursos Nobel como alegato político. El propio Vargas Llosa había citado hace unos días al francés Albert Camus como fuente de inspiración. El autor de "El extranjero" pronunció en 1957 una célebre intervención ante la Academia Sueca pidiendo la reconstrucción moral de Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

Su actitud resoluta en sus convicciones políticas, recordó por otro lado Vargas Llosa, ya le han valido en el pasado el oprobio general. Dos años después de perder las elecciones frente a Alberto Fujimori, el novelista fue duramente criticado en Perú por pedir sanciones contra su país tras la disolución del Parlamento.

"Lo volvería a hacer mañana" si hubiese un golpe de Estado, aseveró. El autor de Conversación en La Catedral, sin embargo, se expresó en términos conciliadores y generosos de su tierra natal -"llevo al Perú en mis entrañas"- y elogió su situación actual.

Más críticas fueron en cambio sus palabras sobre los gobiernos de Cuba y Venezuela, así como sobre las "seudodemocracias populistas" en Bolivia y Nicaragua.

Una mención especial le dedicó asimismo a España, un país al que "quiero tanto como al Perú", aseguró. Vargas Llosa llegó a Madrid como estudiante en 1958 y empezó años después una fulgurante carrera literaria en el centro de lo que más adelante empezaría a ser conocido como el "boom" latinoamericano.

Tras su discurso, el novelista recibirá el viernes la medalla y el diploma del máximo galardón literario en una ceremonia festiva en la Sala de Conciertos de Estocolmo. El premio tiene una dotación de 10 millones de coronas suecas (casi 1,5 millones de dólares).

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