Verde sonámbulo

  • El fotógrafo Francisco José Montalbán comenta los entresijos de su exposición fotográfica basada en el famoso poema

Como forma de conmemorar los 80 años de la publicación del Romancero gitano, El Patronato Cultural Federico García Lorca, de Fuentevaqueros, ha incluido en sus actividades una muestra de fotografías que ilustran el Romance sonámbulo: el verde que te quiero verde; uno de los poemas más conocidos, leídos, cantados e imaginados. Como fotógrafo, he de confesar que esta labor ha supuesto un lance fascinante que tiene más de osadía que de otra cosa. Aun así, estoy plenamente convencido de que la fotografía es una forma de poesía que genera un altercado entre el arte y la naturaleza, un suspiro sublime de imágenes que necesitan ser vistas, consumidas y saboreadas. Congregar poesía y fotografía en un mismo fin es un desafío que solicita valentía y riesgo.

Cuando el poeta Antonio Carvajal, hace más de un año, me propuso esta empresa, me sentí agradecido y entusiasmado por la confianza y por el reto lanzado. Acto seguido, me entró un pánico extraordinario que me costó meses superar al darme cuenta de la responsabilidad y de la dificultad del encargo: había que hacerlo muy bien; en estas guisas no vale cualquier cosa. Al tiempo concluí que ilustrar un poema puede resultar un trabajo peligroso, embarazoso y poco prometedor incluso, casi inservible y poco atrayente, pero ilustrar el Romance sonámbulo era una labor demasiado arriesgada y atrevida. Y de esta lucha con la responsabilidad, el gozo y el respeto, surge esta colección de fotografías que, al fin y al cabo, no persigue otra cosa que proponer un recorrido emocional sobre las sensaciones más personales que los versos pueden llegar a originar. No se trata de una traducción visual, no de una trascripción figurada y especular de los versos de Lorca, sino que en la realización de estas fotografías he querido presentar una narración sentimental en imágenes actuales que refieran y acaricien el texto de una manera respetuosa y sensitiva. Las fotografías lejos quieren estar de las crónicas reales y documentales, por lo que desafían a una devota versión precisa y se embrujan en una artesanía arriesgada y atrayente.

Creo, por ejemplo, que las referencias al cuerpo, al pelo, a la respiración, a la espera, o incluso a una arquitectura soñada o una danza de los sentidos son aspectos subterráneos en estos versos de Lorca y que a través de la fotografía florecen como certificados fronterizos que expresan una travesura sensorial a manera de glosa apasionada.

Con todo ello, y con el tiempo a cuestas, sólo cabe mi correspondencia al encargo, el agradecimiento a la confianza de Alfonso Alcalá, director del Patronato, quien tanto se ha entusiasmado con el proyecto, y a todos aquéllos que acceden a que estas fotografías se enreden con los versos de Lorca en su imaginación y en su memoria, proporcionando gozo y ternura para la mirada y el conocimiento. Por ello, con esta colección de imágenes he querido exponer un pasaporte a la iconografía emocional de los versos, un viaje a la sensibilidad de la poesía, un papel para el escenario del poeta y si es posible unas humildes disposiciones para volverse Lorca.

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