El viajero apasionado

Viaje al pasado delhombre Viaje al pasado del hombre

  • La comarca del Pèrigord, en plena Aquitania francesa, conserva un majestuoso legado artístico y antropológicoPáginas de Espuma reúne los dos volúmenes de diarios de Eugène Ionesco, el dramaturgo franco-rumano, creador junto a Beckett del género del absurdo

Como si de hacer un guiño se tratase, entre los Pirineos y la capital francesa, se sitúa la comarca del Périgord, en plena Aquitania, formando parte de la provincia de la Dordogne francesa. Esta inigualable y, a veces, inhóspita tierra, cuenta entre sus fortalezas con sus habitantes, los cuales han sido capaces y han sabido mantener vivas sus tradiciones desde tiempo inmemorial, y en especial, el majestuoso patrimonio histórico que albergan sus territorios.

El Périgord se divide a su vez en otros cuatro, que se distinguen y conocen por colores. El Negro, por la espesa sombra de sus bosques de encinas; el Rojo, por el vivo color de sus viñedos; el Blanco, por el calcáreo candor de sus rocas; y el Verde, por la dulzura de sus campiñas.

De la mano del Grupo de Desarrollo Rural del Altiplano Granadino, el Viajero apasionado ha tenido la ocasión de acompañar y estudiar la evolución de la puesta en valor del patrimonio de este territorio francés del Périgord Negro, y el traslado de los conceptos positivos de protección y conservación del patrimonio a las comarcas de Baza y de Huéscar.

El Périgord Noir está situado en la parte sudeste de la provincia de Dordogne, en el límite del Quercy y del Limousin. Surcado por los ríos Dordogne y Vézère, se trata de una región con matices mágicos, donde la luminosidad fomenta numerosas actividades y distracciones a campo abierto. En Sarlat, su capital, se respiran los testimonios del Arte y de la Historia, lo que otorga a esta ciudad un carácter excepcional. Ella es sede de un patrimonio arquitectónico de valor inestimable. Esta ciudad conserva un patrimonio monumental excepcional que va desde la Edad Media hasta el Renacimiento. Edificios públicos, iglesias, casas de piedra calcáreas amarillas coronadas con losas grises que casi desafían la ley de la gravedad, adornados con torreones, se abren sobre calles cortas, sinuosas y con pendiente, que convierten en un paseo especial. Si además se coincide con el día de mercado, se puede recordar el sabor añejo del pasado, lejos del actual supermercado y gran superficie convencional y fría.

La gruta Lascaux II goza de una reputación internacional, y los lugares que le rodean están repletos de codiciados tesoros que estimulan los descubrimientos: grutas prehistóricas y naturales, misteriosas y abismales simas, encantadores castillos y palacetes, la peculiaridad de su arquitectura civil y diminutas aldeas, y también su exceso de vegetación y agua por doquier. Lascaux, considerada como la 'Capilla Sixtina' de la Prehistoria, ha sido la primera gruta decorada en ser descubierta y ha modificado profundamente la percepción que se tenía de la vida y de las capacidades intelectuales de los hombres prehistóricos, hasta ese momento considerados capaces únicamente de tallar el silex y cazar el bisonte. Se atribuyen las pinturas a la época magdaleniense, 17.000 años antes de nuestra era.

Consideración especial también merecen los castillos que pueblan el Périgord Noir. Más de mil doscientos se asientan en distintos lugares, marcando un paisaje que traslada al visitante a otra época. Muchos acogen al visitante y las visitas son dirigidas por los propios dueños. Uno de ellos es el Château des Milandes, que fue propiedad de la famosa cantante Joséphine Baker, precursora también del turismo rural en la comarca. En su castillo se puede realizar un ameno recorrido por su vida artística destacando, además de sus pertenencias personales, los muebles que decoraron su mansión, así como contemplar los cuidados jardines que rodean el castillo y la ermita que, hoy en manos del alcalde, era aneja.

Por todo esto y muchas otras cosas, el terreno del Périgord se encuentra entre los más generosos que se conozcan: es el paraíso de la trufa, de las setas cépes", de los confits de oca o de pato, del foie gras, de los patés, así como de los finos y artesanales fiambres. Además la natural hospitalidad de sus habitantes y su tradicional savoir faire gastronómico, son el plato fuerte de esta invitación a descubrir el Périgord Negro. Todos están de acuerdo en reconocer que "al Périgord Noir se le saborea en cada curva de sus caminos".

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