Del cielo y de la tierra

  • El artista Santiago Ydáñez presenta en la Fundación Rodríguez Acosta su último trabajo, un diálogo entre paisajes e imágenes religiosas al que carga de profundo misticismo

Entrar en una exposición suya es como entrar en un templo desquiciante. La tierra a corta distancia se convierte en el único paraíso posible. Las vírgenes y los santos abandonan las alturas. Los animales hacen otra vez de las suyas... A Santiago Ydáñez no le gustan las medias tintas y consigue de nuevo en la Fundación Rodríguez Acosta poner al fiel espectador al borde de un precipicio.En su particular reinterpretación de la humanidad a base del milimétrico conocimiento de sus muecas, el jiennense ya se ha ganado ser uno de los artistas más valorados del panorama nacional. Ahora presenta en Granada su última obra: un conjunto de pinturas y dibujos que siguen el camino emprendido con sus famosos rostros de quejas y gritos interminables. Más sosegado y más metafórico si cabe, Ydáñez escoge en esta exposición una serie formada por paisajes y esculturas religiosas, sin dejar de lado a los animales que siempre le han acompañado, murciélagos, perros y lagartijas vuelven aquí quizás con otra misión. Tres grandes piezas de pintura, ocho medianas y doce dibujos componen la muestra que se podrá ver en la sala de exposiciones hasta finales de enero.

Es difícil encuadrar su obra en un género como el expresionismo, puesto que en él, por muy rápido que pinte, la improvisación parece nula. Podría sin embargo definirle ese diálogo permanente entre lo profano y lo sagrado. Lo inocente y lo malvado. Sus paisajes nevados contrastan con imágenes manifiestamente religiosas. "Un paisaje de unos cuatro metros está enfrentado en la exposición a una especie de naturaleza muerta que es una mujer descuartizada en blanco y negro. A la vez, parece una Ofelia muerta encima de una especie de colcha de flores", explica el artista.

Los paisajes, dice, hacen referencia "a la parte espiritual, por eso los utilizo como emblema del romanticismo, que es como un movimiento de liberación del individualismo. Viene a ser esa parte espiritual pero que está más del lado de lo profano. Para contrarrestar eso cojo directamente lo espiritual religioso. Por eso uso iconografía religiosa, del barroco, porque es la que más me interesa y de la que más hay en Granada". Aunque haya acudido a ella casi desde el principio, no fue hasta 2006, en una exposición en Oporto cuando la usó grupalmente.

No importan sus nombres porque lo que intenta Ydáñez es crear ese espíritu de levitación, casi místico, tan propio de estas imágenes. "Sí son ésta y la otra pero no quiero particularizar en una u otra Magdalena porque no deja de ser un rostro". Figuras de Juan de Mena o Alonso Cano han servido al artista para dar ojos a una talla de madera.

El artista vive entre Berlín, Granada y Jaén. De esos kilómetros surge no sólo su necesaria presencia en cada una de las tres -Berlín porque allí posee la galería Invaliden 1, Granada porque fue aquí donde se formó como artista y Jaén porque es el lugar de donde es y donde viven sus padres, "que van a ver ahora por tercera vez una exposición mía"-. En ese viaje de un lado a otro Ydáñez fotografía todo aquello que pueda ser susceptible de ser pintado, imágenes que también se podrán ver en la exposición repartidas en una vitrina. "Hay una mezcla de paisajes nevados que he fotografiado de Sierra Mágina, entre Granada y Jaén". En ellos, Ydáñez admira la capacidad de la nieve para transformar lugares cotidianos: "Son paisajes que ves cada día de tal manera pero que de pronto se uniforman con un manto blanco que le da un halo especial, mágico". De cualquier tipo de paisaje misterioso y "tristón", él hace una pintura que siempre parece estar al borde de algo, tal y como hacía con sus autorretratos extremos.

Su virtuosismo no es sólo ser virtuoso, sino serlo en las dosis adecuadas, la medida perfecta para expresar lo que quiere en cada momento. También lo hace en su galería Invaliden 1, una galería que ha tenido este año una "programación de super lujo" con la presencia de importantes artistas como el argentino Nicolás Rubio o la futura exposición en enero de Ming Wong, que fue mención especial en la Bienal de arte contemporáneo de Venecia. El panorama que puede haber en Berlín y en España "no tienen nada que ver, no sólo por la diversidad, es una ciudad que está llena de artistas de todo el mundo, sino por la libertad con la que se vive. Cualquier artista de una talla internacional grande puede hacer una exposición en cualquier sitio si el proyecto es interante... Un artista español sólo expondría en una galería o un museo importante".

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