El corazón urbano de Nueva York vuelve a latir en el Generalife

  • La visión de la bailarina Blanca Li y el Centro Andaluz de Danza de una de las obras más complejas y vanguardistas de Federico García Lorca regresa un año después a Granada para seguir haciéndose grande

Flamenco, jazz y hip hop. También escaleras que suben, maletas que vuelan y gotas de agua que caen sin cesar. El Poeta en Nueva York al que la bailarina y coreógrafa Blanca Li se propuso el reto de darle vida sobre el escenario vuelve a partir de esta noche al Teatro del Generalife. Lo hace justo un año después de su estreno en el mismo escenario, aunque ahora lo hace con un brillante paso por el Teatro Nacional de Chaillot de París a sus espaldas y una estela de premios y reconocimientos que sigue dando sus frutos.

La directora del Centro Andaluz de Danza llevará al Generalife hasta el próximo 2 de agosto un poco del alma caótilca y de soledad que Federico García Lorca encontró a su llegada a Nueva York. Si tras las palabras el poeta escondía los temores con los que le acechaba la noche en la gran ciudad; los pasos de baile y la escenografía sirven ahora para poner en jaque las vanguardias y jugar con los sonidos, las luces y los feroces movimientos de un lugar que nunca duerme y donde las razas y las personalidades se mezclan para crear una nueva identidad plural.

Para trasladar a la danza el universo abstracto y vanguardista de Poeta en Nueva York, Blanca Li quiso dar forma a un guión musical muy específico que sirviese para contar de forma paralela la historia que se puede ver en el espectáculo. El artífice de ella fue Tao Gutiérrez, hermano de la bailarina, y parte esencial para que el montaje fuese tan impactante. La voz y los quejíos flamencos de la cantaora Carmen Linares y la profundidad del sonido del cantante de jazz Rob Li completan una propuesta sonora que no deja a nadie indiferente.

Pero este Poeta en Nueva York, moderno y vanguardista, también se aprovecha de las tecnologías audiovisuales para lanzar flashes de imágenes de lo que fue Nueva York para Federico y de lo que fue Nueva York para Blanca Li, que llegó a Estados Unidos con 17 años y vivió en primera persona el hormiguero y la mezcla impensable de sensaciones que puede llegar a ser la gran ciudad.

Una veintena de bailarines, junto a un nutrido grupo de cantantes y músicos terminan de dar forma a un espectáculo que, al igual que la obra de la que parte, es una pura evocación y una continua intromisión en la historia abstracta de un hombre de Granada bajo el infinito cielo de Nueva York.

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