El deseo embozado

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De: José Zorrilla. Compañía: Teatro Clásico de Sevilla. Intérpretes: Moncho Sánchez-Diezma, Rebeca Torres, Antonio Campos, Néstor Barea, Joserra Leza, Paqui Montoya, Serafín Zapico, Montse Rueda, Juanfra Juárez, Nacho Bravo, Miguel López y Gina Escáñez. Dirección: Teatro Clásico de Sevilla. Lugar: Teatro Alhambra. Fecha: miércoles 21 de junio de 2011.

El Teatro Alhambra, siguiendo la tradición en Corpus de programar piezas de repertorio clásico, nos trae a uno de los grandes mitos del goce en su versión ideológicamente más conservadora, el Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, en montaje de la compañía Teatro Clásico de Sevilla. Compañía que el año pasado por estas mismas fechas ya nos visitó con una interesante Celestina, cuyo mayor atractivo era la interpretación que brindaba Roberto Quintana a esta gran dama de las rameras.

La puesta en escena, originariamente creada -inaugurando compañía en el 2005- para representarse en Sevilla entre la escenografía natural de la Iglesia de San Luis de los Franceses, nos llega ahora adaptada a la escena sin ese marco de fondo monumental. De ahí tal vez proceda el sincretismo escénográfico y de atrezzo que sigue manteniendo la pieza, ofreciendo una plástica visual narrativamente eficaz aunque bastante sosa; una suerte de "baño de época" marcando vestuario y objetos -mesas, taburetes de la Hostería de Buttarelli, una simple puerta de arco para el convento...- pero sin apostar fuerte por la poética visual.

Sin asumir ningún riesgo en la plasticidad o el espacio sonoro, el grueso de la puesta en escena de esta versión sevillana del sevillano Don Juan se apoya fundamentalmente en el texto y la interpretación del elenco. Es, por tanto, una puesta en escena clásica de un clásico bien sabroso y popular que consigue mantener tensa nuestra atención -durante casi dos horas- y, a ratos, sorprende con el buen decir del verso asentado en la gestualidad precisa en boca de Don Juan, Brígida o Don Diego.

En la Escena primera de cantina y, en general en todo momento en el que la pieza articula el pavoneo de la rivalidad entre Don Juan y Don Luis, echo en falta una puesta en escena más enérgica, que potencie gestualmente más el despliegue y festín de la masculinidad que se traen entre manos. De igual modo, al tándem Don Juan-Doña Inés vendría bien acentuar más la metamorfosis erótica de la célibe que alcanza su culmen cuando le demanda al final de la primera parte: "Arráncame el corazón o ámame, porque te adoro".

La atmósfera mágica, fantasmagórica de las escenas de la segunda parte del drama, que suceden entre vivos y muertos, las Sombras y espíritus acechando a Don Juan en el Panteón familiar bajo la luna llena, camino de la Misericordia de Dios y Apoteosis del Amor (ese happy end religioso que inventa Zorrilla) están sencilla pero bien resueltas.

Montaje que se deja ver bien, pero sin riesgo creativo de uno de los grandes mitos del deseo embozado entre un no parar de hablar... de amor.

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