Más difícil todavía

  • El Circo del Sol llega a Granada con un cuento de fantasía donde sus personajes intentan librarse de la opresión gracias a sus ágiles y sorprendentes piruetas.

Seguro que Tim Burton se muere de la envidia. El directo y todas las dimensiones del Circo del Sol y su Alegría superan cualquier ficción de fantasía creada para el cine. En el intento de esta macrocompañía por contagiar una emoción tan recomendable son tales las licencias que toma prestadas de un cuento de hadas que termina siéndolo. Alegría es así: un cuento llevado a su máxima expresión. No hay castillos ni mazmorras pero en el mundo etéreo e inmortal de esta obra no sobra ni uno solo de sus fantásticos, estrambóticos y virtuosos personajes.

El público avanza de puntillas por la historia que esconde tras sus numerosos juegos de artificio. Entre los grandiosos y preciosistas saltos, contorsiones y  manipulaciones se esconde una de las más oscuras y angulosas de todas cuantas posee. Dicen que Alegría no es tan espectacular como Dralion ni tan poética como Quidam, pero en este mundo imaginado por el Circo del Sol se produce una intensa lucha entre el bien y el mal. Aquí conviven la Vieja y la Nueva Era: los malos -y barrigones- y los buenos -y musculosos-. No faltan las sonrisas pero tampoco los murmullos de expectación en este universo caótico pero asombrosamente equilibrado (en lo físico y en lo emocional) que reclama el cambio generacional. La moraleja de Alegría es que las generaciones más viejas han de adaptarse a la revolución de los jóvenes.

El espectáculo se inspira en el cambio que se produce entre las anticuadas monarquías y las modernas democracias para generar un universo liderado por el Rey de los Bobos. En su reino de aires barrocos y operísticos conviven juglares, mendigos y viejos aristócratas con ninfas, niños y acróbatas que parecen no sufrir el paso del tiempo y cuyo único fin es librarse de la opresión.

Los payasos son en Alegría esos seres necesarios que en estas democracias actuales tanto se echan en falta -sólo payasos de este tipo-. Son como la Campanilla de Peter Pan. Ellos abrieron ayer el primer día del Circo del Sol en Granada. Anoche fueron los que más momentos mágicos  regalaron a los casi 4.000 espectadores del Palacio de Deportes. Especialmente como clowns. Quedará para el recuerdo el momento del Vagabundo y su asombrosa tempestad. Entre número y número fueron colándose para júbilo de un público entregado a lo largo de las dos horas de Alegría con una parodia de lo visto poco antes.

Repitió éxito la cama elástica del Circo. El número de Power Track, donde los artistas surcan el aire al unísono y en contrapunto, es uno de los más aplaudidos. Circo más magia en las Barras Rusas, los Trapecios, la Rueda Cyr, el Hombre Volador o el Baile de los Cuchillos de Fuego.

Como en todo cuento que se precie no faltan los héroes y los villanos. El "Érase una vez" de esta historia lo cuenta una muñeca de porcelana que, vestida de blanco impoluto, parece sacada de una caja de música y es la encargada de narrar la historia: ella es la Cantante Blanca, cuya voz busca y llama incesante entre el público la Alegría. Su alter ego es la Cantante Negra, que aunque también canta la atmósfera de Alegría posee oscuros y maléficos secretos.

Peor aún es Fleur, el guía en el mundo de Alegría gracias a su cetro de luz. Su protuberante barriga simboliza su poca fiabilidad, espectral e imprevisible. Fleur se pavonea de un sitio a otro siguiendo la corriente a las presuntuosas viejas que lo rodean. Puede parecer divertido y animado, pero el narigudo y jorobado personaje es en realidad celoso, mezquino e irascible. Es un personaje corrupto hasta la médula pero va ataviado con una vistosa chaqueta de cochero de terciopelo rojo, un sombrero negro de ala y un chaleco de pedrería que apenas logra cubrir su grotesca barriga. Su oponente es Tamir, una sonriente criatura mágica que, también de blanco, demuestra su inagotable alma generosa.

Las Ninfas son jóvenes y etéreas. Su danza es capaz de ablandar un corazón de piedra -se ganaron pronto al público-. Estas amables criaturas se deslizan por el escenario cargadas de sensualidad y belleza.

El nombre de las Viejas Pájaras  Nostálgicas lo dice todo. Estos personajes siguen viviendo como si el mundo les perteneciera, creyéndose jóvenes y hermosas. Representan a la vieja aristocracia. En realidad son retorcidas, deformes y feas.

Seguro hubo entre el público quien buscó sus propias similitudes en esta sociedad. En esta fábula sobre la lucha del poder hay una adaptación, casi invisible, a los tiempos modernos. No está pero se palpa la revolución más actual, la de internet. Alegría es constante y cíclica: los jóvenes del ahora serán los mayores del mañana. Una lucha interminable.

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