Poco escándalo (y menos sexo) en el estreno de '50 sombras de Grey'

  • La cinta acaparó toda la atención en su 'premiere' mundial en Berlín, donde sólo convenció a sus 'fans'

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Días antes de que cines de todo el mundo proyecten la película (con evidente intención, en el fin de semana de San Valentín), la Berlinale vivió ayer con expectación y sin mayor escándalo el estreno internacional de 50 sombras de Grey, un cóctel de romanticismo y sexo con cuentagotas que ha batido ya récords gracias a la legión de fans de las novelas de E.L. James. La película se promociona desde hace meses prácticamente sola en las redes sociales y el festival, que la proyectó fuera de competición, ni siquiera programó una rueda de prensa con sus protagonistas, Jamie Dornan y Dakota Johnson, que se limitaron a desfilar por la alfombra roja.

La prensa acreditada mostró divididas opiniones ante una película considerada por unos un típico producto de lo que Hollywood entiende por romanticismo y por otros un filme erótico apto para la inmensa mayoría de los públicos. A muchos les sorprendieron los apenas 11 minutos -cronometrados por varios críticos- de escenas de sexo, así como la suavidad de sus imágenes. La directora Sam Taylor ha optado por contar de forma más o menos clásica una historia de deseo y amor complicado por el abismo que separa a sus protagonistas, evitando planos excesivamente explícitos. No ahorra sin embargo al espectador algunos de los capítulos sadomasoquistas en el cuarto de juegos que conquistaron a millones de lectores cuando apareció la primera novela de una trilogía de la que se han despachado cien millones de libros en todo el mundo, la misma senda que ahora quiere recorrer su adaptación a la gran pantalla.

Dakota Johnson, hija de Don Johnson y Melanie Griffith, asume con 25 años y sin complejos el papel de Anastasia Steele, la ingenua estudiante que se ve arrastrada por el joven millonario Christian Grey, interpretado por el ex modelo Jamie Dornan, que exhibe en la cinta el cuerpo que le hizo ser imagen de conocidas marcas como Calvin Klein, aunque sin desnudo integral. La expectación en Berlín era tal que el festival tuvo que anunciar un pase de prensa extra ante la avalancha de solicitudes. Desde primera hora de la mañana y con el actor/modelo como principal objetivo, fans de la saga, en su mayoría mujeres, se apostaron ante la alfombra roja extendida ante el Zoo Palast, un aperitivo de la expectación ante una película que, guste o no, está llamada a ser uno de los títulos de la temporada.

En la Sección Oficial, eclipsados por el descomunal aparato mercadotécnico de 50 sombras de Grey, dos títulos fueron presentados. En Eisenstein in Guanajuato, que entusiasmó en el pase de prensa, el británico Peter Greenaway retrata al maestro del cine ruso como un histriónico bebé grande (interpretado por Elmer Bäck en un papel que remite ineludiblemente al Amadeus de Milos Forman) que se abre a la plenitud homosexual en México y deja inacabada una película cuando llevaba rodados 400 kilómetros de celuloide. El otro fue Yi bu zhi yao (Gone with the Bullets), del chino Jiang Wen, una cinta sobre dos granujas con aires de gangsters entre estridentes copias de los musicales americanos y con episodios difíciles de ensamblar entre sí. El resultado: la primera deserción en masa del público en esta Berlinale.

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