falsa neutralidad española

  • Regreso al Tercer Reich. Tras indagar en las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial en nuestro país en 'El violinista de Mauthausen', Andrés Pérez Domínguez propone ahora una historia sobre negocios turbios y silenciados entre Madrid y Berlín en pleno esplendor nazi

La Historia, como siempre, la escriben los vencedores. Por ello, no hay nada nuevo bajo el sol en que existan hechos que nunca fueron divulgados, que se relegaron a los más oscuros rincones, que han acabado convertidos unas veces en leyenda y otras en mito. En El violinista de Mauthausen (Algaida, 2009), el autor sevillano Andrés Pérez Domínguez (1969) trató las consecuencias que sufrieron también los españoles a causa del Holocausto. Intriga, aventura, espionaje, Historia y romance vuelven a darse cita entre las páginas de El silencio de tu nombre (Plaza & Janés, 2012), su última obra y en la que, según afirma, ha querido ir más allá que en su anterior trabajo metiendo "el dedo en la llaga" al atreverse a cuestionar lo que considera la "falsa creencia" de la neutralidad española durante la Segunda Guerra Mundial.

"Los españoles tuvimos negocios con los nazis. Dejamos que extrajeran volframio de nuestras minas -un material indispensable para su insaciable maquinaria destructiva-, compramos unas 350 toneladas de oro expoliado a los países ocupados y, después de la guerra, España fue políticamente afín al nacionalsocialismo", fundamenta el autor como la principal "culpa patria" expuesta en El silencio de tu nombre.

Entre sus páginas, el lector conocerá a Erika Walter, viuda de un agente secreto alemán que se ve obligada a huir desde su hogar en Salzburgo (Austria) a Madrid con un importante legajo de documentos que implican a altos cargos nazis en el exilio. "Por un motivo u otro, ayudamos a los nazis huidos, les prestamos apoyo y les brindamos un lugar donde establecerse y puente para otros países", defiende Pérez Domínguez. "Neutrales puede que sí, pero inocentes no del todo", sentencia.

Una novela que trata de guerra, pero no de La Guerra. A pesar de que la mayoría de sus obras se desarrollan en un contexto bélico, el novelista comenta que sólo le interesan las pasiones que se mueven alrededor de un conflicto tan importante y las épocas de antes, durante y después de éste, que le sirven de marco para sus historias.

Esta novela negra, aunque a su autor nunca le ha gustado la distinción por géneros pues, afirma, "suelen responder a estrategias comerciales", lleva el romance por bandera desde su título. Una metáfora, como así explica, que hace alusión al personaje de Martín Navarro, ex miembro del Partido Comunista de España y un héroe de aquellos que nunca se rinden aunque sepan que tienen la batalla perdida. "Viene a decir que cuando llega el momento en el que estás en silencio y pronuncias el nombre de la persona a la que amas, sabes que estás perdido y que lo único que puedes hacer es buscarla", señala.

Una espina dorsal que vertebra la trama a través de una dupla entre espionaje y romance más allá de las doctrinas políticas. "En aquella época, las ideologías eran mucho más limpias y profundas de lo que son ahora. El que era de derechas lo era hasta las últimas consecuencias, y el de izquierdas lo era tanto que llegaba hasta un punto de ingenuidad. Estos son Erika y Martín respectivamente que, pese a sus ideologías, son amantes y él no duda en poner en riesgo su vida por salvarla", afirma Pérez Domínguez, quien reconoce, además, que al decidir escribir sobre una época tan complicada como ésta sin condicionamientos morales, "debes atacar a ambos bandos a diestro y siniestro, porque tan malo era uno como otro".

Asimismo, el séptimo arte también ha puesto sus ojos en el trabajo del sevillano. Tras los intentos fallidos de adaptar varias de sus anteriores obras, como El violinista de Mauthausen y La clave Pinner, el autor se confiesa aún esperanzado con esta idea, a pesar de la dificultad que esto atañe. "Los escritores de mi generación están, para bien, muy influenciados por el cine", defiende el escritor tras hacer alusión a la técnica de narrador omnisciente que utiliza en sus creaciones. "Esto me permite tener una visión poliédrica de la trama pues mi forma de narrar es muy introspectiva y, cuando me apoyo en uno de los cuatro o cinco personajes principales, es como si se contara en primera persona. Disfruto mucho de esta introspección", afirma.

Pero al final de todo, siempre son los lectores los que tienen la última palabra. Más allá del éxito que pueda conseguir, Pérez Domínguez mantiene los pies en la tierra y reconoce que lo único que puede hacer el escritor respecto al éxito de su obra es entregarle a su editorial el mejor texto posible. "He dejado dos años de mi vida en este libro. Habrá lectores a los que les guste y otros a los que no. Pero como al lector no le guste, ya puedes escribir una obra maestra que no servirá de nada. Ese es uno de los encantos de esta profesión: la incertidumbre", concluye.

Andrés Pérez Domínguez. Plaza & Janés. España, 2012. 608 páginas. 20,90 euros

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