Una gran batuta para la OCG

Programa: Giuseppe Verdi, Obertura de La forza del destino; Franz Schubert, Sinfonía núm. 4 en Do menor 'Trágica' D 417; Dimitri Shostakovich, Sinfonía núm. 9 en Mi bemol mayor op 70. Intérpretes: Orquesta Ciudad de Granada. Director: Pablo Heras-Casado. Lugar: Auditorio Manuel de Falla. Fecha: viernes 3 de febrero de 2012.

Granada recibió con los brazos abiertos la visita de Pablo Heras-Casado, uno de los directores de su generación que mayor proyección internacional está teniendo. Pablo Heras, que recientemente comentaba a nuestro periódico que disfruta de cada visita a su ciudad natal, recibió una calurosa acogida por parte del público asistente en el Auditorio Manuel de Falla. No en vano, muchos de nosotros teníamos todavía en la memoria la magnífica lección de interpretación que hace cuatro años nos dio al frente de la OCG, cuando su carrera todavía estaba despuntando. Hoy, mucho más maduro artísticamente -pese a su juventud- se subió al podio de nuestra orquesta con las ideas muy claras y con un amplio bagaje a sus espaldas, cuestiones que se hicieron evidentes en una dirección ágil y vivaz que el público pudo apreciar y disfrutar.

Pablo Heras-Casado ha dejado de ser una promesa para convertirse en una de las más rotundas realidades artísticas en España. Los que lo vimos comenzar podemos sentirnos orgullosos, a la vez que abrumados, por la magnífica carrera que está llevando; su trabajo es fruto de la intuición y la meditación, y su principal baza es la enorme capacidad de análisis y comprensión musical que se hacen evidentes en su dirección. De gesto preciso y rico en matices, fruto de una heterodoxa y diversa formación, Pablo Heras deja entrever sus orígenes como director coral en la sensibilidad con la que acaricia cada motivo melódico; al mismo tiempo, su profundo conocimiento de la realidad orquestal se hace igualmente evidente en su búsqueda de control y su exigencia expresiva. En definitiva, verlo dirigir es todo un espectáculo de buena música.

Para su concierto con la OCG escogió un programa complejo y comprometido, reto del que salió bien parado gracias a sus cualidades como director. Frente a él se encontró con una orquesta entregada, que sin embargo no tuvo su mejor noche. Aunque la valoración global de la velada sería bastante buena, hubo ciertas sombras en la interpretación de la OCG, magistralmente resueltas sin embargo por el director. Algunas fueron evidentes, como el desajuste métrico ocurrido en la Obertura de La forza del destino; otras, sin embargo, fueron más discretas, como los ligeros desajustes de afinación de los violines en el primer movimiento de Schubert o los pizzicatti descompensados de Shostakovich.

Pero no merece la pena ensombrecer la espectacular actuación de Pablo Heras con estos detalles. Baste decir que su construcción de cada obra estuvo al margen de toda duda artística, rozando las cotas de calidad de otras grandes batutas internacionales. Los attacca en la Sinfonía núm. 4 Trágica de Schubert estuvieron muy bien definidos, y la concepción schubertiana de la melodía se subrayó diáfana y comprensible. Por su parte, la interpretación que Pablo Heras concibió de la Sinfonía núm. 9 de Shostakovich fue sublime. El director tiene una especial intuición para la música contemporánea, y sabe hacerla comprensible al público siendo fiel al espíritu de las obras. Si bien no podemos hablar de Shostakovich como radiantemente actual, es necesario no obstante recordar que se trata de una partitura muy compleja desde el punto rítmico y tímbrico, y que requiere de un perfecto balance entre los efectivos orquestales y de un sentido interno de la métrica preciso y claro. Heras-Casado demostró dominar todos estos elementos, y construyó una versión de la sinfonía vibrante y apasionada, que no dejó indiferente a una audiencia que aplaudió prolongadamente hasta ruborizar al director. Bien merecido está este triunfo, y le deseamos un pronto regreso a Granada.

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