Todos eran mis hijos

Lugar: Sala El Tren. Fecha: martes 30 de noviembre de 2010. Aforo: 400 personas.

Han sido cinco años. Cinco años que nos quedaban por llorar, como cantaba David Bowie. O cinco largos años para un desengaño amoroso, como lo hacían Jimmy Reed, John Lee Hooker o su autor, Eddie Boyd, en uno de los más célebres lamentos del blues. Cinco largos años desde la última vez que Teenage Fanclub vinieran a tocar a Granada en lo que fue su primera visita. Desde entonces puede que hayan cambiado muchas cosas pero desde luego muy pocas en lo que respecta a la belleza intemporal de sus adhesivas melodías. Entonces era un miércoles y en esta ocasión un martes; entonces fue en la Industrial Copera y ahora en El Tren. Por lo demás, todo parecía igual. Una desapacible noche de otoño, más llevadera al calor de una multitud compartiendo estribillos grabados en la memoria de nuestros mejores años, nuestros primeros escarceos y nuestros primeros tragos en bares rebosantes de hormonas juveniles, que se convertían en una burbuja donde no importaba el resto del mundo. Cuando los imberbes aún no había aprendido a utilizar su innegable atractivo, saltando pecho con pecho al son de cada guitarrazo. Cuando la turbadora belleza de ellas no necesitaba trucajes para difuminar las señales del tiempo. Cuando todos eran mis hijos. Entonces TFC eran casi tan grandes como Nirvana y nosotros capaces de trasponer hasta Madrid en un viejo utilitario para verlos. Y junto a Guillermo Z, Pepe N. y Jose Colorado McAlister volver bajo los efectos de una potente sustancia alucinógena conduciendo toda la noche. En el tránsito desde los 90 hasta ahora se ha quedado, junto a la altanería de la juventud, buena parte del feedback de sus guitarras, ahora más pulcras y amables. No importa. Las canciones rotundas y brillantes, de dorados acordes y soleados estribillos no se resienten con las entradas en las cabezas de sus intérpretes. Y así abrieron con Start again de su disco del 97 para continuar con algunas de las nuevas canciones del reciente Shadows. Las fueron intercalando con sus clásicos inolvidables cantados por la mayor parte de la sala al unísono con la banda. En el repaso salió damnificado Thirteen del que no cayó ninguna y glorificado el siguiente Grand Prix, del que acabaron entregando sus cinco primeros cortes, Don't look back, Verisimilitude, About you, Mellow Doubt y Sparky's dream. Aunque sin duda la palma se la llevaron, ya cerca del final, su himno The concept, tras el que se retiraron a esperar que el público pidiera el bis, y la ineludible Everything flows con el que lo remataron. Todas ellas habitarán nuestro corazones hasta que estos desaparezcan.

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