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"La música es sólo un entretenimiento"

  • El sello Sony publica los dos conciertos para piano del barcelonés Albert Guinovart en grabaciones del propio compositor como solista y la batuta del maestro ruso Vasily Petrenko

Albert Guinovart (Barcelona, 1962) es un músico singular. Pianista de notable carrera, que ha ido dejando en sellos diversos un importante reguero de discos con la mejor música española del siglo XX, se mueve como compositor en el terreno del más puro clasicismo, aunque ha frecuentado también el mundo del cine, la televisión y el musical, de donde provienen algunos de sus mayores éxitos. Sony publica ahora un trabajo que recoge sus dos conciertos para piano y sus Valses poéticos. Acompaña el ascendente director ruso Vasily Petrenko al frente de una orquesta petersburguesa.

-¿Cómo surgió la posibilidad de hacer y publicar este registro?

-La grabación tiene ya cinco o seis años. Conocí a Petrenko cuando ganó el concurso de Cadaqués en 2002. Poco después estrenó una obra mía, y le gustó mi música. A mí me rondaba ya la idea de grabar mis dos conciertos de piano, y él me dijo que tenía una orquesta en San Petersburgo con la que podíamos hacerlos. Así que me fui allá, hicimos el registro y el máster se quedó en un cajón hasta el año pasado en que me contrató la editorial Music Sales, y fueron ellos los que contactaron con Sony, que se mostró muy interesada. Para completar el minutaje del CD añadí los Valses poéticos que estrené en 2011.

-El Concierto nº1 está escrito a partir del musical Mar i Cel.

-Mi primera incursión en la música con cierta repercusión fue este musical que hice con Dagoll Dagom en 1988. Con temas de algunas canciones preparé una versión para piano y cobla. Y cuando hice mi otro concierto para piano por encargo de la Orquesta del Vallés (2005), decidí orquestar el primero.

-En el segundo concierto se aprecia una evolución.

-Sí, el segundo lo compuse en un momento en que me di cuenta de que empezaba a superar las influencias que había tenido hasta ese momento. Se titula Traces, que en catalán se escribe igual que en inglés, y que viene a recoger mi idea de que la música es como un río y tú formas parte de ese río, todo viene de un sitio y va a parar a otro. Nunca renuncio a la melodía, pero es cierto que antes me oponía de forma muy radical a todo lo que suponía la vanguardia, y últimamente me he convertido en un músico más ecléctico y no tengo problemas en servirme de efectos de la llamada música contemporánea, no como lenguaje, pero sí como recurso expresivo. En ese camino este concierto representa una inflexión.

-Y los Valses poéticos son un obvio homenaje a Granados.

-Tengo tres obras concebidas como homenaje: una a Chopin, otra a Claude Debussy y estos Valses poéticos. La música es mía, pero sigo el modelo de Granados, repitiendo las tonalidades y el espíritu de cada una de sus piezas.

-Usted tiene una carrera importante como pianista, ¿por qué es tan poco común hoy en día la figura del intérprete-compositor?

-Hay dos cosas: primera, el nivel de interpretación es hoy tan alto que resulta muy exigente mantener una carrera de solista, y como la faceta de compositor es también muy absorbente, resulta muy complejo combinar las dos cosas; segunda, en el siglo XX hubo una obsesión por especializarse a todos los niveles. A partir de las vanguardias, hay mucho pensador que se mete a hacer música, pero sin interpretarla; sólo la piensa y la escribe. Ese es uno de los problemas que ha alejado a la creación contemporánea del público. Muchos compositores sólo pisan el escenario para saludar el día del estreno; han perdido la idea básica de que la música es un acto comunicativo.

-Su música sin embargo está escrita en la tradición tonal y tiene una inequívoca voluntad de gustar y comunicarse con un público amplio.

-Alguien escribía hace poco en un blog con respecto a este mismo disco que parecía que yo deseaba complacer al público. Claro. Es que es así. Por supuesto, yo busco mi sector de público, que no es el de Beyoncé. Y al público tienes que cuidarlo y también que sorprenderlo. No puedes sentarte y pensar que ya has encontrado el secreto del éxito. Tienes que evolucionar. Pienso que a veces se sobrevalora la música. Y sé que esto puede chocar a algunos, pero es que a veces se pierde de vista la realidad. Para la mayoría de las personas, la música es sólo un entretenimiento, sin más; que puede llegar a emocionar, fantástico, que puede abrir una puerta a la espiritualidad de alguien, maravilloso. Pero en el fondo lo que la gente le pide a la música es pasar un rato agradable. Las vanguardias han sobrevalorado el papel del compositor en nuestra sociedad, haciendo de él una especie de mesías: la investigación en música no salva vidas, como la médica. Te dicen que es preciso hacer un esfuerzo, y que con ese esfuerzo entenderás algo: yo llevo años haciendo ese esfuerzo y no aprecio ningún resultado.

-Usted está entonces de acuerdo con Alessandro Baricco cuando afirmaba que los compositores del siglo XX tendrían que haber seguido los modelos de Mahler y Puccini.

-Yo pienso que todo tiene su sentido. Las vanguardias lo tuvieron, mucho. A lo que no le veo demasiado sentido es a basarse en las vanguardias de hace cien años para justificar lo que se ha ce hoy en día. En su momento tuvieron su razón de ser, igual que en la plástica o en la literatura. Abrieron caminos de exploración, que pueden ser muy interesantes y para un compositor pueden tener un gran valor, pero si a nadie más le interesa, si se produce la desconexión con el público, la obra de arte carece de sentido. Y lo que la gente quiere es que la emocionen o la diviertan o simplemente pasar un rato agradable. Mahler, Puccini, Rachmaninov y tantos otros me pueden hacer reflexionar, no todo es ligero y fácil, pero tampoco me exigen un esfuerzo sobrehumano.

-¿De dónde viene su música? ¿Qué influencias reconoce en ella?

-Tengo identificadas unas cuantas: el grueso del repertorio pianístico, especialmente Mozart y Chopin, además de toda la tradición romántica (Schumann, Brahms, Mendelssohn...); los outsiders de las vanguardias del siglo XX (Poulenc, Prokofiev, Shostakovich, Bartók, Bernstein, Hindemith, Gershwin...); el pop, desde los Beatles hasta el funk; y también las canciones de los musicales, de Porter a Gershwin, y las bandas sonoras clásicas, desde Korngold a Morricone, pasando por Nino Rota.

-En el proceso de creación de sus obras ¿qué es lo primero, un tema, una idea melódica?

-Depende de la aplicación de la música. Si estuviera en el siglo XVIII habría hecho mucha música religiosa. Pero quienes pagan hoy son las productoras, ni la iglesia ni la aristocracia. Si te encargan un ciclo de canciones, los poemas son el motor. Si escribes una ópera o un musical, el tema concreto. Cuando haces música de concierto puedes partir de una idea externa, a la manera de un poema sinfónico, aunque luego no la hagas explícita. Pero una vez adoptado el punto de partida, yo soy muy clásico: cojo una estructura clásica y la modifico, me baso en temas contrastantes, desarrollos, variaciones... A veces parto de células algo más pequeñas, pero la melodía es fundamental para mí: me dedico a la música porque siempre me cautivaron las melodías.

-¿Compone al piano?

-Sí. Los profesores me decían que no había que hacerlo así. Pero yo veo fotos de Ravel, Poulenc, Gershwin sonriendo sobre el piano mientras escriben. Si ellos lo hacían, por qué no yo. Hoy día, con los programas de edición que existen, puedes trabajar directamente en el ordenador (yo lo uso de este modo para orquestar, porque ahorra mucho tiempo), pero el piano es un arma extraordinaria, que te permite ir probando, hacer la música más empírica. Básicamente, yo soy un músico empírico e intuitivo.

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