El nudo de una amistad

  • La amistad existente entre el pintor José Caballero y García Lorca queda patente en una exposición que se exhibe en Huelva.

La amistad existente entre el pintor onubense José Caballero y el escritor granadino Federico García Lorca, también compañeros de generación, queda patente en la exposición del legado del artista puntaumbrieño Pedro Gil-Mazo que puede verse hasta el 28 de agosto en Punta Umbría (Huelva).

Así, la muestra de Punta Umbría reúne trabajos que Gil-Mazo recopiló sobre ellos a lo largo de su vida, dada la gran amistad que Caballero tuvo también con el prolífico artista local.

Pedro Gil-Mazo fue un gran coleccionista y pasó media vida recopilando obras de arte, no sólo de estos dos grandes nombres, sino también de autores tan conocidos como Dalí, Miró, Chillida o Alberti, entre otros.

La colección que ahora se exhibe en el Centro Cultural puntaumbrieño constituye una oportunidad histórica y única de contemplar una colección de 280 obras, que se han sustraído del total de 707 que Gil-Mazo donó en testamento al Ayuntamiento local.

La exposición se divide en dos salas, una la nueva José Caballero en la que están ubicadas 55 obras, en las que hay una selección de cuadros del autor y algunos objetos personales de su taller de pintura.

Mientras, en la sala Daniel Vázquez Díaz se exponen un total de 225, 42 pertenecientes a obra gráfica de pintores como Salvador Dalí, Antonio Miró, Antonio Tapies, Rafael Alberti, Mingote o Chillida, junto a un original de Federico García Lorca.

Otros 23 trabajos son de pintores locales y el resto lo forman 23 iconos religiosos, 40 belenes y 100 piezas arqueológicas.

José Caballero nació en 1915 en Huelva y en 1930 comenzó a trabajar en el taller de Daniel Vázquez Díaz, por cuya recomendación se matriculó en la escuela de Bellas Artes de San Fernando y a partir de este momento, empezó a colaborar con García Lorca, e ilustró alguna de sus poesías.

Punta Umbría fue el lugar de veraneo de José Caballero y en la época estival de 1936 invitó a García Lorca a pasar unos días en el municipio pero éste, sintiéndose más seguro en Granada, rechazó la propuesta, especulándose desde entonces sobre qué hubiera pasado si hubiera aceptado, pues podría haberse cambiado el desafortunado destino del poeta, al tener la posibilidad de escape por Portugal.

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