"Mi padre me enseñó a buscar lo que nos une y no lo que nos separa"

  • La hija de Kapuscinski, que hoy recoge en su nombre el Premio Harambee, analiza el fenómeno de la inmigración como motor de desarrollo de las sociedades

La única hija de Ryszard Kapuscinski, Rene Maisner, vive en Isla de Vancouver (Canadá) y es pintora y fotógrafa desde 1995. Su apellido, que se remonta al árbol genealógico alemán de su madre, simboliza la realización de su propia identidad sin haber perdido por ello un ápice de los nexos que le unen a su padre, el reconocido periodista y escritor polaco fallecido el pasado año. En su nombre, Maisner recoge hoy en Granada el Premio Harambee, en el marco de las XII Jornada de Comunicación Siglo XXI que organiza el Colegio Mayor Albayzín.

-¿Quién es su padre para usted?

-Mi padre es mi padre [risas]. Pero, al mismo tiempo, es una persona, un escritor y periodista que me introdujo a muchas ideas, incluso me enseñó un modo de ver y comprender la cultura, la política, la economía... Me enseñó a unir todos estos aspectos, sabiendo que son interdependientes y, al mismo tiempo, a hacer un esfuerzo para comunicarme con la gente buscando un idioma común: lo que nos une y no lo que nos separa. Todos somos seres humanos con preocupaciones similares pero, como procedemos de otras culturas, debemos tener cuidado con las diferencias para no causar penas o dificultades a otras personas. También hay que tener cuidado para no malentendernos.

-¿Los malentendidos son por ignorancia?

-Yo creo que sí, por ignorancia o por falta de voluntad y de ceder algo de nuestra posición; nos retiramos de situaciones que pueden crear conflictos.

-Su padre luchó contra todo esto. ¿Qué recuerda de él?

-Es curioso, porque tras su muerte recuerdo otras cosas. Ahora, sobre todo, su sonrisa, su amabilidad con la gente y su humildad. Era muy directo y honesto.

-Por su trabajo renunció a su familia. ¿Guarda dentro esa ausencia?

-Bastante. La verdad es que sí...

-¿Pero la ha encajado?

-Unos días me pesa más y otros, menos. Con su muerte, además de sentir la pérdida, sentí tristeza por no haber pasado más tiempo con él, por no haber conversado más. Tristeza por él... Y también por mí.

-Las jornadas en las que participa hoy abordan los criterios prácticos para romper estereotipos informativos sobre la inmigración. Usted es inmigrante en Canadá, así que el tema le toca de cerca.

-Conozco la realidad de una persona que viene a vivir a un país extraño sin tener raíces, ni idioma, sin conexiones. Pero en Canadá la situación es diferente a Europa, donde el problema es bastante grave. Los prejuicios y la historia -marcada por colonizaciones- están ahí. Y es un tema del que hay que hablar.

-En esto los medios de comunicación son esenciales.

-Sí, pero aunque haya profesionales con una mentalidad muy abierta y positiva, al final no llegan a comunicarlo a la gente de la calle, que es la que realmente está frente a ese problema. Es importante que los periodistas tomen esas ideas y sepan trasladarlas, simplificándolas sin cambiar el mensaje. Esto lo hizo mi padre cuando adaptó las ideas de Emmanuel Lévinas para el contexto actual de Europa.

-Sarkozy ha pedido aplicar la ley contra la regularización global que, en su opinión, es 'catastrófica'. ¿Qué opina del endurecimiento de las políticas de inmigración del Gobierno francés?

-Habría que preguntarse en base a qué Sarkozy cierra las fronteras, como si pretendiera que la sociedad francesa sea una nación o bloque monolítico. Pues nunca lo ha sido. Porque las sociedades europeas siempre fueron de gran movilidad, con inmigraciones y conquistas. El mismo Napoleón llegó hasta Moscú. O sea, que las sociedades europeas son una mezcla de todos y no hay sociedad monolítica. Además, la sociedad francesa, como otras europeas, se enriqueció con las colonias: en la segunda guerra mundial, Marruecos y Argelia eran parte del imperio porque les interesaba que lucharan con ellos. Pero ahora no, claro. En realidad no logro entenderlo, porque sin inmigración la economía no avanza. Sarkozy está cometiendo un suicidio él mismo.

-Kapuscinski decía que siempre se busca a un culpable.

-Hay que acusar a alguien y se acusa a los inmigrantes. Pero - y creo que lo leí en un libro de Bauman-, cuando la suerte de la víctima cambia, ésta se olvida de que lo fue. Esto ocurre, por ejemplo, con los portugueses, que fueron hace diez años los más pobres de Europa y ahora culpan a los inmigrantes. Esto es lo que hace Sarcozy: empujar el problema a otra parte. Las economías del primer mundo no van a sobrevivir sin la inmigración porque los inmigrantes hacen trabajos que no quiere nadie y además son aumentan la natalidad. En Canadá dicen que si no recibimos un inmigrante más mañana no vamos a construir una casa más.

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