Aniversario de una obra de arte

'Un perro andaluz':ochenta años de cine

  • Luis Buñuel estrenó en París entre el éxito y el escándalo la película reina del surrealismo que había escrito con Dalí

No era una película, era una bofetada. Un golpetazo en la cara de la burguesía de los años veinte. Una bocanada de surrealismo. El delirio de los 16 minutos que duraba la cinta supuso toda una convulsión en París tras su estreno. La primera secuencia hacía vomitar a la gente en los cines e incluso provocó varios abortos. Hoy es un clásico del cine mundial que le abrió las puertas a Luis Buñuel. Se cumplen en 2008 los 80 años de la filmación de Un chien andalou (Un perro andaluz), una de las grandes creaciones del surrealismo mundial. Y la película sigue sin envejecer.

"Esta película nació de la confluencia de dos sueños", recordaba Luis Buñuel en el libro de memorias Mi último suspiro. Dalí lo había invitado a pasar unos días en su casa de Figueras y, nada más llegar, Buñuel le contó que había tenido un sueño en el que veía que la Luna era rasgada por una nube y un ojo era seccionado con una cuchilla de afeitar. Dalí, a su vez, le contó que la noche anterior había soñado que de una mano salían hormigas. Entonces le dijo a Buñuel: "¿Y si, partiendo de esto, hiciéramos una película?".

Dicho y hecho, durante una semana entera Buñuel y Dalí estuvieron escribiendo el guión. Habían establecido una ley no escrita por la cual si uno de los dos rechazaba una imagen, ésta no se incluiría en el filme. Buñuel apuntaba a otra regla: "No aceptar idea ni imagen alguna que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural. Abrir todas las puertas a lo irracional, sin tratar de averiguar por qué."

Una vez escrito el guión y sabiendo que, con aquel argumento, nadie apostaría por Un perro andaluz, decidió pedirle una fuerte suma de dinero a su madre, que accedió. Entonces regresó a París, en donde residía en aquellos momentos. "Cuando hube gastado la mitad del dinero de mi madre en salas de fiestas, me dije que era necesario tener un poco de seriedad y hacer algo", escribía Buñuel.

Se puso en contacto con los actores Pierre Batcheff y Simoner Mareuil, y con el operario de cámara Duverger. La película se rodó en quince días en los estudios Billancourt de París. Sólo unas cuatro o cinco personas estuvieron presentes en el rodaje.

La escena que abría la cinta era el sueño de Buñuel. El propio director hacía de actor. Fumaba en la noche, afilaba una navaja de afeitar, miraba cómo una nube rasgaba la Luna y luego él seccionaba el ojo de una mujer con una navaja de afeitar. Aquel arranque hizo que muchos espectadores se desmayasen en las salas de cine.

Lo que en realidad seccionaba Buñuel era un ojo de ternera comprado en una carnicería. Pero el montaje era tan perfecto para la época que la impresión era que se trataba, efectivamente, del ojo de una mujer.

Dalí se incorporó al rodaje en las sesiones finales y aparecía vagamente en una escena. El resultado final era una película extraña, enigmática, inexplicable, salvajemente provocadora. Una cinta de 16 minutos de duración que debaja al espectador clavado en su asiento.

Una vez terminada, Buñuel conoció a otro de los grandes surrealistas, Man Ray, que acababa de concluir su filme Le Mystére du château de Dé, y que estaba buscando alguna película que complementara el programa de su estreno. Buñuel le habló de su película y Man Ray quiso verla inmediatamente. Al día siguiente apareció con el gran 'capo' del surrealismo francés, Louis Aragon, para visionar la cinta en un estudio. Cuando Aragon y Ray vieron Un perro andaluz, quedaron entusiasmado. La película tenía que ser estrenada de inmediato, le dijeron. Era una bomba. Buñuel fue rápidamente introducido en el círculo surrealista de París como uno de los grandes innovadores.

El estreno de la película tuvo lugar en el Studio des Ursulines de París. Asistió todo el grupo surrealista en pleno además de grandes artistas y aristócratas de la época, como Picasso, Le Corbusier o Cocteau. Buñuel permaneció detrás de la pantalla alternando en un gramófono música de tangos con el Tristán e Isolda, de Wagner, y mentalizado para recibir un gran abucheo. Pero cuando terminó la proyección, el público estalló en aplausos. La película se proyectaría en los cines de París durante los ocho meses siguientes con gran éxito, y también con muchos detractores. "Hubo cuarenta o cincuenta denuncias en la comisaría de policía de personas que afirmaban: 'Hay que prohibir esa película obscena y cruel'. Entonces empezó una larga serie de insultos y amenazas que me ha perseguido hasta mi vejez", recordaba Buñuel en su libro de memorias.

También hizo daño y afectó a una amistad, la de Federico García Lorca. Buñuel y Dalí habían atacado duramente al poeta granadino por su libro Romancero gitano, publicado ese mismo año, y por la obra de teatro Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín. Aquello había espoleado a Lorca. Poco antes de embarcarse a Nueva York, comentó a un amigo: "Buñuel y Dalí han hecho una peliculita así y la han titulado Un perro andaluz. El perro soy yo". En Nueva York, el poeta se vengaría escribiendo el guión de otra película, Viaje a la Luna, y su mejor libro, Poeta en Nueva York.

El éxito de Un perro andaluz y la decisión de ceder el guión para su publicación en la Revue de Cinéma de París, que los surrealistas consideraban una revista burguesa, hizo que Buñuel fuese sometido a un 'proceso' sobre si sus ideas eran realmente surrealistas.

Louis Aragon lo acusó de haberse vendido a la burguesía. También de que la película tenía demasiado éxito para ser surrealista. Buñuel se defendió como pudo, pero decidió prescindir de aquel grupo. A partir de entonces, siempre definiría el surrealismo como un movimiento poético, revolucionario y 'moral'. Él era libre. Como lo sería siempre todo su cine.

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